En "Dead End" destacan dos aspectos fundamentales que enriquecen esta película de serie B: el suspense y el humor. Ambos elementos se combinan de forma eficaz, ofreciendo momentos tensos y a la vez divertidos que mantienen al espectador comprometido con la trama.
Uno está erizado mientras dura la historia, que la vive completamente dentro de Malena Alterio, pero se sale de allí con la sensación de no haberla visto o vivido desde el lado correcto.
Una comedia romántica llena de ingenio, malicia, ternura y una visión profunda de la realidad actual, especialmente en lo que respecta a las relaciones amorosas.
La estructura, el cuerpo, su tejido argumental y los propósitos le resultarán al espectador tan familiares como una velada navideña, lo cual no le impedirá deleitarse con todo lo que tiene de historia de superación.
Flikke realiza un trabajo muy creativo. La película es absolutamente excepcional, a pesar de que aborda lo vulgar y ordinario en su argumento y lenguaje.
La construcción de los personajes es minuciosa, oscilando entre lo sarcástico y lo naïf. Los actores dan vida a sus papeles de forma excepcional, y resulta una agradable sorpresa ver a la actriz emergente Griselda Siciliani, quien brilla con gran talento.
Una vieja historia que se ha contado varias veces y de diversas maneras, pero ninguna de ellas de un modo tan franco y cercano, casi vecinal, como la construye Paul Morrison.
Estrambótica. No tiene más que la presencia contradictoria de Houellebecq y Depardieu, casi como El Gordo y El Flaco, que convierten la función en un gracioso esperpento.
Hay viaje, pero no se trata de una "road movie"; hay sencillez, pero no simpleza. La cámara, a la altura de los ojos de los personajes y del espectador, muestra un respeto absoluto por la memoria sin recurrir a "flashbacks".
No está nada mal para ser, descaradamente, una comedia, y que además funciona muy bien como tal. Lemercier le pasa un paño húmedo a «la realidad» y deja esta película entrañable, divertida y hasta optimista (un poco).
No hay grandes momentos, pero los que existen están bien manejados gracias a la eficacia de Claude Brasseur y la gran frescura que aporta Noémie Schmidt.
El carácter, el porte y el pico corvo y clamoroso de sus actores aportan a una historia sencilla un temblor y grandeza, así como gracia y malicia, propias de obras con buen contenido y mejor poesía.
El personaje resulta ser superficial. La película no pretende provocar una reflexión, ni desde una perspectiva religiosa ni antirreligiosa. Se sugiere que la apostasía demanda un mayor análisis y pensamiento crítico.
Hay guasa social, guasa laboral, guasa romántica y guasa familiar, dosificada para que cada uno elija la postura que prefiera: indignarse ante la ligereza y frivolidad (...) o partirse de la risa (...)
La historia parece un conglomerado de diez o doce películas de Almodóvar, pero sin timbre ni sello. Tiene momentos en los que se atraviesa holgadamente la línea del bochorno.
El intento de aportar un frescor narrativo es evidente, y hay una construcción sólida tanto de personajes como de situaciones. Sin embargo, se percibe que un poco más de sustancia en la trama podría haber beneficiado a la historia.