Esta película se ve afectada por un guión que no logra establecer la verosimilitud necesaria, lo que interfiere en su potencial como melodrama. A menudo se desliza hacia situaciones absurdas y casi cómicas, restando credibilidad a la historia.
Conduce al espectador a través de un arduo recorrido moral, emocional y físico. En este trayecto, Fassbinder se detiene en momentos impactantes, llenos de intensidad y sufrimiento.
Un monumental extravío que tiene al menos la virtud de ir a peor con una constancia digna de estudio. El guión somete a Fanning a todo tipo de estupideces hasta que llega a una segunda parte donde el bochorno es general.
El inicio es impresionante, lleno de intriga y con una sugerencia intensa. Los momentos de acoso, amor y presencia son impactantes y se pueden comparar con las mejores escenas del cine de terror.
El director francés Xavier Gens ofrece una reconstrucción del argumento que destaca por su excepcional ambientación, fotografía y puesta en escena, aunque algunos recursos narrativos resultan menos efectivos.
Sorprendentemente entretenida incluso para los muy cortos de manga. El argumento y los personajes, aunque bañados en delirio, resultan entretenidos y no es preciso estar al tanto de los pormenores de la franquicia para divertirse un rato con ellos.
Cómo tocar otro son en Cuba y cómo bailarlo sin que se moleste Fidel. Tiene mérito ponerle música a esa ciudad que no sea la tópica del trópico, sin mojarse ni bucear, eludiendo la parte fría.
Una trilogía incomparable a ninguna otra es una obra inagotable, que lamentablemente agotó a su autor y que afortunadamente nunca, nunca, agotará la mirada y la emoción de cualquier espectador.
Es tan simbólica como escurridiza; uno se siente distante de las emociones de los personajes. La sensación de que lo no dicho es más relevante y cautivador que lo que se expone es palpable, dejando un vacío en la narración.
Pequeños dramas que florecen con comicidad. El director aborda con soltura y humor la delgada línea entre Madrid y Barcelona, capturando sus particularidades y el idioma con notable gracia y criterio.
Además del entretenimiento, la película ofrece diversas interpretaciones sobre el conflicto entre la medicina y la superstición. Es accesible tanto para niños como para adultos, permitiendo que cualquiera pueda disfrutarla y comprender sus mensajes.
Una mirada tragicómica sobre el poder y la riqueza desmesurada en una familia coreana. La corrupción y los instintos más bajos, en un ambiente de telenovela, transforman la pantalla en una vibrante cesta de frutas exóticas que poco a poco van decayendo.
Sorprendente, con una magistral dirección y unos personajes memorables que recuerdan a la obra de Ibsen. La habilidad de Im Sang-soo logra mantener al espectador en un vaivén constante entre comedia, drama, thriller, romance y fantasía, dejando una sensación de haber experimentado cada uno de estos géneros.
Los capítulos son muy buenos, pero uno de ellos es excepcional y tiene de protagonista a Jesús Carroza, un actor con más registros que un funcionario de aduanas.
Una encantadora historia y una manufactura sorprendente, de una estética rica en geometría y cromatismo que maravilla al ojo infantil y subyuga al ojo adulto.