Hay guasa social, guasa laboral, guasa romántica y guasa familiar, dosificada para que cada uno elija la postura que prefiera: indignarse ante la ligereza y frivolidad (...) o partirse de la risa (...)
La historia parece un conglomerado de diez o doce películas de Almodóvar, pero sin timbre ni sello. Tiene momentos en los que se atraviesa holgadamente la línea del bochorno.
Los personajes están empapados de profundidad y sudor frío. El humor se presenta de manera magnífica. Allen brinda a Blanchett la oportunidad de conmover y enamorar al espectador, y ella la aprovecha como si estuviera compitiendo por un Oscar.
Gibson logra que lo inverosímil se fusione a la perfección con la realidad. Jodie Foster hace bien en emplear la metáfora, aunque sea un poco tosco, del ser humano como marioneta.
Lo mejor es la construcción de sus personajes. No es fácil narrar una historia, por muy personal que sea, con la personalidad y la distinción ideal, mágica. Y a esta le pesa más el corazón que la cabeza.
En este fresco a la italiana que retrata varias vidas, el tono de comedia impregna por completo el melodrama, presentando elementos 'al dente' y bañados en esa salsa familiar típica de las comedias de Scola, Risi, Monicelli o Germi.
Adquiere, esencialmente en la mirada algo chaplinesca de su protagonista, un plus de frescura, cercanía, percepción e incertidumbre que hacen el relato más encantador, incluso poético.
Película agridulce, con una eficaz y complejísima construcción del interior de un personaje discordante, pero muy próximo, de Darín, y que busca y encuentra sin esfuerzo al espectador
El encanto de la película radica en la suavidad, siempre en armonía, de sus protagonistas: Stefano Accorsi, Neri Marcorè y Lisa Cipriani. Además, la breve intervención de Anouk Aimée, que equilibra lo poético con lo agridulce, añade un valor particular a la historia.
Lo mejor es su puesta en escena. Un escenario, característico del cine de Álex de la Iglesia, rebosa anarquía, revolución, cámaras, intriga y destellos de talento. Es una pena que la sutileza no sea uno de los puntos fuertes en las producciones que gestiona este director.
Una película peculiar que parece intentar generar antipatía hacia su protagonista, mientras que, de manera sutil y sincera, se revela el cariño que sus creadores sienten por ella.
Pesimismo inteligente, clarividente y tronchante que nos lo ofrece a través de otro genio de eso, de pensar, de escribir y de decir, llamado Larry David, creador de Seinfeld
Consigue con apenas media docena de personajes y un casi único escenario atrapar al vuelo un sentido shakespeariano del mundo, y desmigarlo con sencillez cervantina y doblez quevediana. El resultado es un insólito catálogo del sentimiento y del comportamiento humano.