El apartado visual y técnico es atractivo y espectacular. Aunque ofrece un gran caudal de espectáculo, violencia y un enrevesado argumento, resulta ser un prodigio de gracia, finura y crudeza.
Bogli se queda a medio camino de las posibilidades de su historia, que no llega a la emoción, incorrección y divertimento que pretende, y que apenas llega a hacer obvio el dolor o los dolores que encierra.
Hay guasa social, guasa laboral, guasa romántica y guasa familiar, dosificada para que cada uno elija la postura que prefiera: indignarse ante la ligereza y frivolidad (...) o partirse de la risa (...)
La historia parece un conglomerado de diez o doce películas de Almodóvar, pero sin timbre ni sello. Tiene momentos en los que se atraviesa holgadamente la línea del bochorno.
Enorme y conmovedora película que encierra, al igual que en “Los descendientes”, un profundo temblor emocional entre dos generaciones y la tierra que pisan.
El encanto de la película radica en la suavidad, siempre en armonía, de sus protagonistas: Stefano Accorsi, Neri Marcorè y Lisa Cipriani. Además, la breve intervención de Anouk Aimée, que equilibra lo poético con lo agridulce, añade un valor particular a la historia.
Lo mejor es la construcción de sus personajes. No es fácil narrar una historia, por muy personal que sea, con la personalidad y la distinción ideal, mágica. Y a esta le pesa más el corazón que la cabeza.
En este fresco a la italiana que retrata varias vidas, el tono de comedia impregna por completo el melodrama, presentando elementos 'al dente' y bañados en esa salsa familiar típica de las comedias de Scola, Risi, Monicelli o Germi.
La combinación de inocencia, lirismo y astucia, junto con el tierno ambiente que rodea a los escenarios y personajes, transforma esta miniatura en un juego de encantos y desilusiones.
Conmovedora y simpática variación en síndrome de 'up'. Algunos momentos entre Pablo Pineda y Lola Dueñas podrían pasar a los anales de la química entre parejas de cine.
Una trilogía incomparable a ninguna otra. Es una obra inagotable que, lamentablemente, agotó a su autor, pero que afortunadamente nunca agotará la mirada y la emoción de cualquier espectador.
Interesante, ligera y divertida fábula sobre el bien y el mal. Todo es una pura y graciosísima distorsión, y sobresale la santa esposa, una Malena Alterio espectacular.
Tiene esa rara armonía de las cosas de Allen, un desequilibrio cómodo, una ingenuidad muy penetrante y la sabiduría, en su caso más por diablillo que por viejo, de que la vida se organiza a su antojo.