El argumento se desarrolla enteramente en un hogar, pero la forma en que se presentan los personajes, el ritmo narrativo, la tensión constante y las secuencias de acción, añaden un valor distintivo a la obra.
Un policíaco intenso y directo, filmado con energía y pasión. Las actuaciones son audaces, llenas de confianza, mostrando una gran exigencia tanto física como moral. La historia mantiene al espectador totalmente inmerso en su desarrollo.
Una invitación directa a la confrontación de ideas en una misma cabeza. Impresionante osadía ideológica en esta perfecta mezcla de la acción y la reacción.
Es una obra excepcional que destaca por su brillantez y singularidad. Su naturaleza ambiciosa y visionaria la convierte en una experiencia inquietante y sorprendente, llena de riesgo y originalidad, aunque a veces se siente un tanto desequilibrada.
La primera hora de la película es un derroche de creatividad y belleza visual, presentando un toque de influencias que recuerdan a Visconti. Sin embargo, a medida que la trama se desarrolla, las expectativas pueden desvanecerse hacia el final.
Más que una secuela, menos que el original. Hay que evitar la inevitable comparación entre esta película de Denis Villeneuve y la original. Es una magnífica película, aunque su grandeza quizás se aprecie más en el futuro.
Es tan bueno el arranque que casi te dan ganas de frotarte las manos. Sin embargo, se siente un frenazo por parte de Danny Boyle. 'Trance' deja la impresión de ser un cine singular, impredecible y hipnótico.
Una película poderosa que captura la esencia del peligro, la fatalidad y la desesperación a través de las actuaciones de Darín y Gusman. Logran proyectar todo el caos que emana de la trama, llevándonos a una experiencia intensa.
Weitz carece de la precisión necesaria para manejar adecuadamente los tiempos y las transformaciones de sus personajes, lo que provoca una caída abrupta de la historia en su conclusión.
Mortensen realiza una actuación excepcional, convirtiendo esta historia en una profunda reflexión sobre finales y comienzos. La forma en que se traduce en imágenes añade un fascinante nivel de intriga a esta exploración interna.
El gran mérito de Mitre es encomendarle a Darín todo el peso de la trama, acompañándolo con actores que aportan una esencia sublime. La historia es intrincada y reveladora, brindando una experiencia cinematográfica memorable.
Relatan unas situaciones que, con una apariencia sencilla y cotidiana, se enredan hasta el punto en que hablar de ellas se vuelve incómodo, incluso absurdo. Todas aportan su encanto, su esencia y su reflexión.
Su inicio puede resultar desconcertante, ya que parece inspirarse en el estilo de Jacques Tati. Sin embargo, en pocos momentos se transforma en una típica obra de Wes Anderson.
La película carece de acción y emoción, lo que provoca que la trama se sienta lenta y poco interesante. El guion parece no seguir el ritmo de la historia, dejando al espectador desconectado de lo que ocurre.
Historia ensimismada en la estética de Wenders, reflejando la confusión de su protagonista. Las intervenciones de Lou Reed y Dennis Hopper añaden un componente que desafía al espectador a contener la risa.
Empuja al espectador a una soledad intensa en su asiento, llevando al límite su paciencia, con la esperanza de provocar una inusual sensación: la de jamás haber visto una película así, o de haber sido acorralado y embestido en el cine de una manera tan impactante como lo logra Béla Tarr.
El director utiliza de manera ejemplar los espacios de acción, planificándola de una forma que desafía las convenciones del género de terror. Es una película sombría, pero con una paleta de grises rica en aspectos morales y sociales.