Consigue, sin dejar de ser previsible, sorprender al espectador. Aitana Sánchez-Gijón, estupenda. El modo en que se complica el argumento es muy forzado.
Equilibradas dosis de emoción y de información. La película transmite con gran claridad su mensaje principal, lo que hace que las pequeñas incongruencias en el guion pasen desapercibidas.
Es desgarradora y carece de toda chispa de esperanza o calidez en el drama de sus personajes, lo que le confiere autenticidad y conexión con la realidad, aunque a la vez genera una sensación de distancia y una mayor oportunidad para la catarsis.
Es un juego de relaciones sociales y de clase, en el que la película presenta su perspectiva moral. Destaca especialmente la conexión bien desarrollada y profunda entre la madre y la hija.
Además del entretenimiento, la película ofrece diversas interpretaciones sobre el conflicto entre la medicina y la superstición. Es accesible tanto para niños como para adultos, permitiendo que cualquiera pueda disfrutarla y comprender sus mensajes.
Propone ideas intrigantes sobre la implicación emocional, la compasión y la responsabilidad, además de mantener al espectador cautivado y creyente en el conjunto de dramas presentados.
Lo más destacable de esta historia es el notable esfuerzo de sus protagonistas. Sin embargo, el resultado final no consigue ser tan fascinante ni profundamente conmovedor como se esperaría.
Una encantadora historia y una manufactura sorprendente, de una estética rica en geometría y cromatismo que maravilla al ojo infantil y subyuga al ojo adulto.
Una trilogía única en su género que sigue siendo una fuente inagotable de inspiración. Aunque fue un desafío para su creador, siempre será un manantial de emociones y reflexiones para quienes la disfrutan.
Una película ideal para cerrar una merienda infantil. Aunque está repleta de tecnología avanzada, transmite una sensación de artesanía y de fábula clásica que brinda al espectador un respiro y un sentido de admiración.
La originalidad se manifiesta en la tecnología utilizada y en los impresionantes efectos visuales. Lo más destacable de esta resurrección es su evocador tono de nostalgia romántica.
La forma de vestir y de comunicarse, así como su uso de la libertad, aportan un aire novedoso a la trama, que está repleta de conflictos tanto sociales como personales. Los actores entregan su mejor actuación frente a la cámara.
Cómo tocar otro son en Cuba y cómo bailarlo sin que se moleste Fidel. Tiene mérito ponerle música a esa ciudad que no sea la tópica del trópico, sin mojarse ni bucear, eludiendo la parte fría.
Es tan simbólica como escurridiza; uno se siente distante de las emociones de los personajes. La sensación de que lo no dicho es más relevante y cautivador que lo que se expone es palpable, dejando un vacío en la narración.
No es fácil incluir en una película a tantas estrellas del cine y que lo único que destaque sea la bola que cae en fin de año en Times Square. Sin embargo, el director logra un entrelazado de historias tan originales y apetitosas como una caja de polvorones.
Una película impactante y cruda, que no ofrece una innovación significativa al género bélico y no puede ser medida al lado de los clásicos de antaño o de los recientes.
Mortensen realiza una actuación excepcional, convirtiendo esta historia en una profunda reflexión sobre finales y comienzos. La forma en que se traduce en imágenes añade un fascinante nivel de intriga a esta exploración interna.