El debut de Manolo Vázquez en la dirección presenta una notable dosis de ironía, aunque no queda del todo claro su blanco. Sin embargo, logra transmitir un ambiente cómico que rodea el universo del "arte" y la "cultura".
Salmerón presenta este documental, que se convierte en un vistazo revelador hacia su madre y su familia, fusionando una mezcla de extravagancia, humor sutil y un drama profundo.
Quizás carezca de la armonía de su anterior trabajo, pero lo que le falta en forma en «El pasado» lo compensa con una sencillez formal y una rica complejidad en la base del relato.
Es un drama enriquecido que sorprende con momentos de intensa tragedia. Las actuaciones son excepcionales y precisas, dejando una marca imborrable. Botey, un actor novato, brilla con fuerza y seguramente dejará una huella en la industria.
Rarísima y descompensada, la película no logra equilibrar adecuadamente el blanco y negro con el color. El último tercio es realmente deficiente, y resulta difícil recordar que el inicio fue realmente prometedor.
Trier equilibra de manera experta las diversas tramas y períodos narrativos, prestando atención a las intrigas y emociones, además de manejar con delicadeza los conflictos que surgen en cada personaje.
Historia aparatosa sobre los diversos modos de corrupción, el cine se presenta de una manera estática y inerte, a pesar de que los personajes ocultan una atroz turbulencia.
La película, a pesar de su trasfondo melancólico, se presenta como una obra luminosa y optimista, con un enfoque sentimental y didáctico. La sencillez característica del director brilla a lo largo de la historia, reflejando su esencia genuina.
Con gran habilidad y un enfoque que respeta la esencia de Ozu, Yamada captura la esencia de esa familia y crea una interesante fusión entre lo cotidiano y lo significativo.
La planificación y la puesta en escena del trabajo rumano crean una atmósfera cargada de tensión, destacando por el uso de planos largos y repetitivos. Esto logra mantener la intriga y cautivar al espectador.
Cualquier cosa que se ubique en la Toscana, junto a la villa protagonista, logra mantener su atractivo. Sin embargo, su trama se siente un poco estancada en una atmósfera de puro 'buen rollo'.
Es un trabajo sorprendente, que empieza con evidentes síntomas de comedia fuerte y que se desliza suavemente hacia un melodrama descorazonador. La actriz Marianne Jean-Baptiste pilota con maestría sus matices.
Es una película que combina humor con un toque de drama y romance. Resulta agradable y ligera, pero se queda en lo superficial, sin ofrecer personajes que te hagan sentir un fuerte apego o aversión, ni ideas que desafíen lo evidente.
Desplechin puede buscar que comprendamos a sus personajes, pero lo que realmente logra es despojarles de su atractivo emocional. Además, resulta extraño que ni siquiera les dé la oportunidad de ser sinceros con el espectador.
El punto fuerte de la obra radica en las actuaciones de sus actrices. La Via y Hanna Ladoul crean una narrativa que permite a las tres intérpretes disfrutar y enfrentar desafíos en el escenario.