La descripción de ambientes y situaciones es lo suficientemente pesimista para que la trama sea efectiva; la violencia, tanto física como moral, se presenta de tal manera que logra mantener al espectador involucrado.
Se queda un poco sosita en su contenido. Hay momentos de buen cine, pero el director parece demasiado preocupado por imitar a Gus Van Sant, persiguiendo con la cámara al protagonista.
A pesar de que la película ata su discurso con cordel grueso, mantiene un tono digno y respetable, logrando que los fondos y las figuras se impregnen de verosimilitud mutuamente.
Muy en el estilo dramático de Ken Loach, la película resulta fría tanto en lo visual como en lo afectivo, destacando el trabajo de la debutante y magistral Katie Jarvis.
Todo es leve y sencillo, pero su paso cambiado lo presenta complejo y pretencioso. Recha vuelve a explorar esa vieja idea de la oceanografía del tedio.
Los dos actores jóvenes construyen de manera excepcional a sus robustos personajes, destacando especialmente la forma en que Gómez Pereira los va revelando.
El material narrativo de la historia proviene de una novela, pero es el estilo distintivo de Van Sant el que lo enturbia con su exceso. No obstante, 'funciona' en su enfoque minimalista.
A pesar de lo que el espectador sabe o sospecha, la película ofrece enormes dosis de intriga y de inquietud por la pericia de la cámara y por la buena interpretación de sus actores.
Modélico ejercicio de cómo se puede domesticar un bronco drama y que, sin perder ni un solo gramo de su desalentador contenido, conserve entero toda su emoción, luminosidad, vitalidad y entusiasmo.
Puede considerarse una película 'blanda', pero es un cálculo erróneo que confunde lo de dentro con lo de fuera: una historia dura, turbia y estremecedora envuelta en gasa, seda y sosiego.
Tres materiales muy potentes: la electricidad y sugestión de la imagen, una narrativa organizada no tanto por la línea temporal como por flujo emocional y una interpretación durísima de su protagonista.
Peculiar e instructivo trayecto. Todos los intérpretes desarrollan a la perfección esta gran historia que no juzga ni a sus personajes menores ni a los más relevantes.
No hubiera sido un buen melodrama, pero sí es una divertida y cercana comedia, gracias, además de a la chispa entre guionista y directora, al especial talento de sus actrices.
Una película incómoda magistralmente matizada por la delicada observación y el sutil enfoque de la directora Carla Simón, quien en su debut derrocha precisión y emoción.
Podría ser una tragedia, pero es uno de esos melodramas que saben dónde y cómo colocar las agujas en el alma del espectador como si fuera un acupunturista chino.
Precisa y milagrosa interpretación de unas actrices en estado de gracia. García explora las texturas del melodrama con una exquisitez y astucia magistrales.