La película se visualiza y se escucha con gran interés. La combinación del aroma folletinesco de la narrativa con una atmósfera trágica casi shakespeariana la hace sumamente atractiva y agradable.
Una historia bien llevada en su doble relato, el amor y la ideología, pero sobre todo filmada con un gusto hasta ahora no muy evidente en Guédiguian por la belleza del encuadre y la temperatura del plano.
Muy bien construida y dosificada, con claridad de ideas en los sentimientos que se debaten, desde los más puros y necesarios hasta los banales y accesorios. Tosar y Anna Castillo anudan bien sus personajes.
Es luminosa y debe agradecérselo a la cámara de Barbier, que logra capturar el encanto de la aventura infantil. También, de manera sutil, se entrelaza el desencanto por un mundo que se desmorona.
Sencillísima y emotiva trama. Es notable el modo con el que Neus Ballús consigue que las interpretaciones ingenuas de Andrada o Diomaye A. Ngom, estén ordenadas en tono y timbre con la resabiada de Sergi López.
Olivares incorpora ahora, sin jactancia, sin pretensiones de hallazgo del “hecho fílmico”, una enorme verosimilitud y sencillez a una ficción muy trabajada en sentimientos complejos y profundos.
La novela de Kapuscinski se beneficia del trabajo de Raúl de la Fuente y Damian Nenow, quienes aportan originalidad y talento. La animación es impresionante, lo que hace que la película sea entretenida y muy singular.
La trama es sencilla de seguir, pero hay una intención en la dirección de Wenders de reiterarse, lo cual se ve contrarrestado por la esencia cautivadora que transmite la protagonista con su interpretación.
Penn combina de una manera poco original la dureza con la cursilería. No conecta adecuadamente todas sus intenciones; al menos, no lo hace sin dejar la sensación de haber presenciado estas ideas en numerosas ocasiones, algunas de ellas de manera más efectiva.
Impecable filme sobre los límites de la ayuda humanitaria en África y el papel que juegan ciertas ongs. El punto de vista de la película está tan bien logrado que se pueden apreciar sus dos anuncios.
En el territorio de la aspereza geográfica y moral, Oelhoffen construye su western con todos los ingredientes característicos. 'Lejos de los hombres' posee, en su sencillez y accesibilidad, un eco del espíritu de Hawks.
Seidl no le ahorra al espectador ningún momento escabroso ni un gramo de sordidez. Su obra dejó en el Festival de Cannes 2012 un regusto amargo, que mezcla lo escandaloso con lo asqueroso y lo intolerable con lo tolerado.
Como película de aventuras, presenta momentos realmente destacados y, sobre todo, desarrolla un personaje de cine clásico, el interpretado por DiCaprio. Es una obra muy entretenida, aunque se podría prescindir de algunas secuencias al final.
Bertolucci crea un delicado rompecabezas sobre el enamoramiento. Su cámara captura con habilidad el desarrollo de los sentimientos masculinos, reflejando el proceso químico a través de miradas y acercamientos torpes, reminiscentes de un caballo en ajedrez.
La película se construye principalmente a través de los diálogos, presentando una estructura sencilla y un estilo de cámara cotidiano. Además, cuenta con la sólida base de dos interpretaciones excepcionales.
Es un buen trabajo de Luis Oliveros, con una producción de gran calidad y una ambientación adecuada. Además, ofrece un punto de vista que evita los clichés típicos de las historias sobre la guerra civil.
Ese viaje de madre a hijo, y de hijo a madre, es lo conmovedor y bélico de la historia, siempre en ese escalofriante borde de precipicio emocional en el que se mueve la interpretación de Riseborough.
Cuesta digerir a la vez su enorme brillantez técnica y los galimatías de la letra pequeña, y cuesta también sentirse cómodo en su interior. Quizá podría decirse que es una película brillante sin brillo.