El tono y los diálogos cargados de ironía y sutilezas, junto con situaciones extravagantes, permiten que la historia se sumerja en lo emocional sin parecer forzada.
La película presenta una excelente fotografía y una narrativa cautivadora, aunque es evidente que el director tiene una intensa necesidad de hacer sufrir a sus personajes.
La película ofrece un poderoso enfoque sobre las dinámicas entre padres e hijos y parejas. Sin embargo, su profunda introspección se ve afectada por cierta dispersión en los tiempos narrativos, los tonos y los nombres de los personajes.
Trier equilibra de manera experta las diversas tramas y períodos narrativos, prestando atención a las intrigas y emociones, además de manejar con delicadeza los conflictos que surgen en cada personaje.
Mar Coll regresa al retrato familiar desde una perspectiva única. Nora Navas ofrece una actuación sobresaliente, mientras que Ágata Roca brilla en su interpretación de un papel complicado, aportando un toque de humor peculiar.
La directora realiza una excelente representación exagerada de una época del cine italiano y de uno de sus personajes más típicos, el galán de pantalla.
La combinación de simplicidad, candidez y sátira en la narrativa de Pawo Choyning crea una comedia honesta y placentera. La estructura de las tramas y los conflictos se presenta de manera sutil y acertada.
Una película muy agradable de ver y de escuchar, por sus diálogos cercanos y una música que hace compañía y clima; maneja sus elementos argumentales con un perfecto tono de comedia.
Cualquier cosa que se ubique en la Toscana, junto a la villa protagonista, logra mantener su atractivo. Sin embargo, su trama se siente un poco estancada en una atmósfera de puro 'buen rollo'.
Nada excepcional. Se presenta una historia sobre personas, mujeres y familia con sus problemas. Sin embargo, se destaca la actuación de un excelente elenco femenino que logra dar vida a personajes realistas.
Es un trabajo sorprendente, que empieza con evidentes síntomas de comedia fuerte y que se desliza suavemente hacia un melodrama descorazonador. La actriz Marianne Jean-Baptiste pilota con maestría sus matices.
La película te sumerge en un drama familiar que revela tanto pequeñas como grandes tragedias, dejando una sensación de incomodidad al salir. Como obra del cine francés, cumple con las expectativas.
La narración es sutil y meticulosa, pero puede poner a prueba la paciencia del espectador, quien podría no lograr un nivel de interés suficiente para comprometerse plenamente.
Un completo “truño” aunque camuflado detrás de una historia muy emocional que se hubiera merecido un mejor empaquetado. Aquí, entre el tiempo muerto y el tiempo moribundo, uno pierde el suyo.
El punto fuerte de la obra radica en las actuaciones de sus actrices. La Via y Hanna Ladoul crean una narrativa que permite a las tres intérpretes disfrutar y enfrentar desafíos en el escenario.
El montaje es dinámico y, aunque algunas situaciones se repiten, las historias que componen la trama transmiten una fuerte conexión emocional gracias a su autenticidad.
La primera parte es descriptiva, estimulante y llena de orgullo, mientras que en su desarrollo se transforma en un tono más melodramático y melancólico. A pesar de los números musicales optimistas, la historia va hacia una dirección más moralizante.
Es una película entretenida, aunque presenta algunas debilidades en su desarrollo. Verbeke y Fernando Cayo logran una química intrigante que añade tensión a la trama. Asimismo, Carlos Fuentes destaca con un tono brillante y sutil.
Una historia que, si bien puede parecer intrascendente, logra mantener el interés gracias a su humor y a su vibrante estética. La falta de solemnidad, junto con el buen humor, superan cualquier crítica a la simplicidad del guion.