Ambientada en el mundo bohemio de los veinteañeros, esperaba otra película del estilo 'mumblecore', pero supera esas expectativas: es más fresca, profunda y misteriosa. Por primera vez, la auténtica esencia del estilo de Swanberg lleva a una reflexión que va más allá de la juventud.
Presenta los habituales dilemas del cine juvenil, los cuales cobran vida gracias a su entusiástico reparto y a sus vibrantes números musicales, que Ortega captura con un dinamismo electrizante.
Dice mucho de lo bajo que han caído las películas de adolescentes que Ashley (Jodi Lyn O’Keefe), la fanática de la moda que ve a los de su alrededor como inferiores, es la persona más interesante en pantalla.
El asesino resulta ser bastante genérico, aunque las bromas que hace con los cadáveres están bien logradas. El argumento, por su parte, presenta más inconsistencias de las que debería. A pesar de esto, el reparto se destaca por su gran calidad.
Como siempre, el tempo cómico de Cher es intachable, pero la chabacanería agresiva a lo drag queen de 'Mermaids' engulle su sentimiento como intérprete.
Podrás decir que es sensiblera, simplista y que se ha hecho de forma mecánica, y tendrías razón, pero a su manera obvia y poco original esta chapuza tiene algo de humanidad.
Es una película reconfortante, de acuerdo, pero aun con todo su atractivo, es irritantemente santurrona. Un 'Guess Who's Coming to Dinner' para la corrección cultural de los 90.