Ripstein regresa al melodrama descarnado. El problema no radica en la estructura, sino en la percepción de que el guión carece de fuerza y se limita a lo puramente anecdótico.
Es lo más cerca que ha estado nunca la aventura de ser no sólo física, sino también emocional. Un film bellísimo, con uno de los finales más perfectos que recuerdo.
Por fin una película de terror que no se arrepiente de serlo, se rueda al estilo clásico, sin apenas efectos especiales, utilizando el sonido y la imagen para crear momentos de intriga. Esto es lo que realmente la hace funcionar.
Un trabajo modesto y muy meritorio para estar hecho por sólo una persona, pero fracasa a la hora de transmitir la agonía existencial de su protagonista. Podría ser mejor, pero es una experiencia sensorial interesante.
Magnífica. Un cine independiente riguroso, alejado de los convencionalismos, que bordea lo experimental pero sin llegar a ser agobiante. Llega a recordar, por ejemplo, a Don Hertzfeldt, lo cual es un gran elogio.
Un tenso thriller de supervivencia que remite al John Carpenter de Asalto a la comisaría del distrito 13. Factura potente, buen reparto y un sentido del ritmo perfectamente medido.
Se ve bien, sin ser gran cosa. James Gandolfini, en su último papel, es sin duda lo más destacado de un film poco sólido, con algunos diálogos creativos pero de limitada profundidad.
Lo mismo de siempre en el cine independiente, pero presentado de manera diferente. No hay nada que resulte especialmente desagradable, pero tampoco hay elementos dignos de mención. En pocos días, probablemente no recordaremos su existencia.
Como una versión casera de Insidious: Capítulo 2, logra ser imaginativa en todo momento y aporta una dimensión adicional al cine sobrenatural de casas encantadas, además de construir un clímax final bastante notable.
Una rareza en toda regla que remite a This is Spinal Tap, con un humor muy oscuro y algunos momentos que son realmente memorables. Plympton en su máxima expresión.
Extraordinario debut. Si conocéis a Plympton, sabréis qué esperar: animación ilimitada, deformación de los cuerpos, libertad absoluta en el trazo y un sentido del ritmo absurdamente bien medido.
La historia de desamor más sincera en años, esta obra en stop-motion va más allá de una simple idea para construir una narrativa completa en solo unos minutos.
La película cuenta con todos los elementos que aprecian los académicos: una calidad destacable, una animación de estilo clásico y una lección moral que remite a los cortos educativos de la década de 1950.
Toda la carrera de Tim Burton es una reiteración de las ideas mostradas en este pequeño trabajo de seis minutos. Es una de las piezas más excelsas del medio en términos de ambición y resultado, y, según la opinión de algunos, representa la cumbre artística de su director.