No, no es una mala película, pero tiene fallos, porque sinceramente todo parecía indicar que el resultado sería mejor. Es como jugar al Desconfío con dos grandes estrellas que no logran brillar lo suficiente en sus papeles.
La película presenta un ritmo intenso que la eleva, haciendo que los 150 minutos transcurran rápidamente. Este cierre, como mencionamos, se siente como una celebración entre amigos.
No tanta risa. Bill Holderman y Erin Simms escribieron nuevamente el guion, y si antes carecían de gracia, el transcurso del tiempo no ha mejorado la situación.
Se ve bien y en algunos momentos resulta entretenida; sin embargo, le falta ese toque especial que la haría verdaderamente memorable, similar al sabor de una torta Rogel recién horneada.
El duelo interpretativo entre Jonathan Pryce y Anthony Hopkins, como Francisco y Benedicto XVI, ofrece los mejores momentos del filme, que se enfoca especialmente en la figura del argentino Jorge Bergoglio.
Dolan, en comparación con sus trabajos previos, exhibe una mayor madurez. A pesar de su habitual inclinación por el montaje frenético y los extensos diálogos, en esta ocasión opta por un enfoque más contenido.
Los razonamientos presentados en los diálogos, especialmente en las discusiones, están excepcionalmente bien elaborados y resultan realmente placenteros de escuchar, lo que convierte a 'Alicia y el alcalde' en una película muy cautivadora.
Es superior a su predecesora. Muschietti construye un relato sin fisuras, pese a la extensión, y ha creado cada escena como un eslabón de una cadena en la que el suspenso, el temor, el horror y hasta el humor negro se concatenan y -si cabe- divierten.
Al no ser una película condescendiente con sus personajes, 'El Gordo y el Flaco' se aleja de lo habitual. Además, presenta momentos emotivos que están bien equilibrados.
La gracia, o las ocurrencias no son del tipo de las comedias blandas, por lo que también 'Mi obra maestra' es un desafío superado por el actor. Brandoni da cabal, perfectamente en ese personaje que destila malhumor, petulancia e ironías.
Bellísima suerte de secuela. Todo lo que un oso de peluche puede ofrecer está presente aquí. No es necesario ser un fanático del clásico de Disney para sentirse cautivado.