Un filme que, sí, asusta en buena ley, ofrece una experiencia aterradora gracias a su atmósfera bien construida y giros inesperados. La trama, aunque algo predecible en algunos momentos, logra mantener al espectador en vilo. Las actuaciones son sólidas y la dirección efectiva, haciendo que cada escena cuente en el desarrollo de la tensión.
Pero lo mejor es que Haneke no da nada por sentado, ni siquiera muestra la violencia. Presenta los prolegómenos y las consecuencias de esos actos criminales, desnuda la asfixia del ambiente.
Daisy Ridley quizá no alcance una nominación al premio de la Academia de Hollywood, pero bien que le pone el pecho a las adversidades, dentro de su personaje.
El director de fotografía mexicano Rodrigo Prieto se destaca en sus elecciones de color, especialmente en una escena que resulta deslumbrante. Es una película que realmente merece ser vista en la pantalla grande.
Campion escapa a las convenciones del western, eligiendo en su lugar narrar una historia de miserias, recelos, temores y amor. La cineasta neozelandesa no da nada por sentado. Presenta un ritmo pausado y diálogos que son preciosos y lacónicos.
Un filme que aborda un hecho real, ocurrido hace bastante tiempo, pero con una perspectiva renovada y modernizada. En este caso, la actualización es muy efectiva.
La sutileza de Vikander va de la mano del agobio y la aflicción de Fassbender, así como la congoja de Weisz, en esta tragedia bellamente filmada que mantiene al espectador cautivo durante toda la proyección.
El metraje se alarga más de lo aconsejado y Hooper enfatiza en exceso lo que relata, resultando en momentos de repetición. En lugar de añadir, quita interés. Además, el final resulta ser demasiado sentimental.
Aunque en ciertos momentos el relato se siente un tanto predecible, la conexión entre los dos personajes es, sin duda, lo más destacado de la película. Irons logra hacer creíbles incluso las líneas de diálogo más inverosímiles. Será interesante observar cómo evoluciona Patel en el futuro.
La película es una sátira. Y Xavier Giannoli supo mantenerla en sus límites. Es la humanidad de los personajes centrales, Marguerite y su esposo, lo que hace que el filme sea memorable y no un simple pasatiempo.
Tal vez la anunciada por el propio realizador como su despedida del cine animado, sea su obra menos fantasiosa. Lo que siempre logra Hayao Miyazaki va más allá de sus trazos reconocibles y su animación.