Las -muchas- capas que tiene 'El hilo fantasma', (...) no hacen más que redescubrir en PT Anderson a un narrador como pocos, a un realizador con todas las letras, a un hombre que sabe atrapar desde una posición de cámara.
Tal vez la película comete el error de tener demasiadas buenas intenciones, pero definitivamente logra emocionar de forma auténtica en los momentos adecuados.
El humor agridulce es una de las marcas distintivas de Woody Allen. Como si a esta altura de su extensa carrera combinara la risa disparatada que tenían sus primeros guiones y la tragedia de sus películas más serias.
Michael Keaton es lo mejor de un filme sobre el sueño americano en distintas vertientes. (...) Michael Keaton compone un personaje con el que el espectador se sentirá confortable, algo incómodo después y que se ganará su empatía.
El filme carece de desarrollo, los personajes secundarios son unidimensionales y todo resulta predecible. En resumen, se asemeja a un telefilme que se ve y se olvida. Edgerton está muy bien, al igual que Negga.
'Fences' es una obra de teatro llevada al cine, carece de los elementos cinematográficos que se esperan en una película. Las limitaciones del director se sienten en cada escena.
A favor de la película y del director Craig Gillespie, lo naif no se disfraza de otra cosa. Se presenta tal cual es y se alinea con la naturaleza del relato que "The Finest Hours" ofrece.
Hay momentos en que la película parece perder el rumbo o no seguir una línea clara. Por suerte, Brolin y Clooney logran aportar su talento en esas escenas.
Tal vez ése haya sido su deseo narrar un conflicto revisionista camuflado en una historia sentimental. Si fue así, lo que consiguió fue llamar la atención, pero nunca la total empatía del espectador.
Spaeny no se asemeja a Priscilla, pero dentro de la convención cinematográfica, logra hacer que el público lo crea. Jacob Elordi, aunque no guarda parecido con Elvis, tampoco resulta fuera de lugar en su papel.
Toca algo más que como al pasar la posición de las mujeres periodistas en los medios de comunicación. El asunto es que la película es, quizá, demasiado complaciente con el espectador, y no solo políticamente correcta.
Con melancolía, pero atención, con moderación y sin ponerse nunca pedante, Kenneth Branagh construye en Belfast un filme que es candidato al Oscar con tintes autobiográficos, y escribe una carta de amor a su infancia y a su ciudad natal.