No es mucho más que una película sobre terroristas y rehenes, pero tiene ritmo, y al menos se aleja de algunos lugares comunes del subgénero, sin héroes envalentonados e invencibles.
La música acompaña los momentos más melodramáticos de este thriller. Aunque no es completamente fiel a la historia en la que se basa, logra mantener la curiosidad del espectador.
Tal vez otro sería el resultado si Molly no estuviera interpretada por Jessica Chastain. La actriz es el filme en sí mismo. Se carga toda la película sobre sus hombros y demuestra que no importa que los personajes masculinos que la rodeen sean fuertes.
Un auspicioso debut en la realización cumple Fernán Mirás con 'El peso de la ley', porque amalgama bien el thriller y el drama con pasos de comedia, y roza el cine de denuncia.
Combina una historia con toques de comedia y un drama con trasfondo político. Una película con matices humorísticos que, si no fuera por su emotividad, podría resultar insípida.
La película ofrece sustos efectivos y mantiene una tensión constante. A pesar de que recurre a clichés, estos se presentan con un toque de complicidad que resulta interesante.
La película tiene un click cuando resta media hora de metraje, en el que, por más que se base en una historia verídica, lo que sucede suena a desmedido y resta verosimilitud.
Aquellos que busquen la grandilocuencia de 'La Pasión de Cristo' difícilmente la hallen. Pero está nueva campanada, después de haber oído tantas sonando con el mismo tono, es bienvenida.
Una obra que obliga a reflexionar constantemente, y que seguramente es aún hoy más provocadora -no provocativa- que 'La Pasión de Cristo' (2004) de Mel Gibson.
Un bodrio es aburrida y fallida. Si parte del dinero invertido en esta costosa producción se hubiera destinado a contratar a un guionista, el resultado podría haber sido distinto.