No sería lo mismo si el Adam de título, en su versión adulta, no fuera Ryan Reynolds. Es que el canadiense tiene un timing para la comedia, que cuando en sus películas se combina con el cine de acción, parece que fuera imbatible.
Todo en 'Señor Link' está tamizado por un humor más absurdo que básico, y al cabo lo que queda es el disfrute de la animación tras 94 minutos de entretenimiento.
Lo que prima es el humor, el colorido y el mensaje de que ser distinto no tiene nada de malo. Hay que ser consecuente con uno mismo y disfrutar de la vida.
El problema con 'Love the Coopers' no es la trama, que sería en este caso lo de menos, sino los diálogos, ni la conglomeración de estrellas, sino que la conjunción precisamente no se da.
No hay personajes secundarios que ayuden a entender o resaltar la figura del protagonista. Esto lleva al actor de 'Joker' a utilizar frases o mostrar actitudes que, en lugar de enriquecer, empobrecen la perspectiva del artista sobre el personaje.
Un musical que destaca por sus buenas intenciones y su mensaje optimista, aunque algunas frases, al ser escuchadas fuera de contexto, pueden sonar un tanto cursis o pretenciosas. Lo más destacado de la ópera prima de Michael Gracey se encuentra en los primeros minutos.
Su película es más rica en la creación de climas y atmósferas que en diálogos. Cassel siempre tiene un gesto que sorprende, y esto le viene a la película como anillo al dedo.
Rara, pero no extravagante, compleja y para nada complaciente, 'Crimes of the Future' nos deja peor que como entramos al cine. La indiferencia no es posible.
La tensión es constante, hay algo entre la perversión, el deseo y el placer que se conjugan como un combo explosivo, todo lo que es muy bien orientado por la realizadora.
Alex de la Iglesia se manifiesta en su mejor estilo; como en sus películas más destacadas, 'Las brujas' se presenta como una obra desprejuiciada, anárquica, envolvente e intensa.
La poesía que emana de las imágenes, las ventanas que deja abiertas a la imaginación le dan una bocanada de aire fresquísimo al anquilosado y atrofiado cine estadounidense al que nos vamos acostumbrando.
Hay algo evidente en el cine de Scott, y en particular en los relatos históricos que filma: los enfrentamientos cuerpo a cuerpo, con armas filosas, no tienen parangón alguno con las guerras del siglo XXI.
Es entretenida, a los cinco minutos de terminada uno se olvida de todo, no es que tenga escenas memorables. Los fans seguramente la disfrutarán apelando a su memoria emotiva.