Es un filme poético, pero no de manera literal, de actos sencillos que muestran la generosidad del alma. Comedia singular, seductora por su simpleza, increíblemente atrapante por su rutina y ciertamente poética.
La película de Nicole Holofcener podía caer en uno o varios de los clisés de la comedia romántica adulta, pero los evade de a uno en fila. Narrada con una naturalidad asombrosa para lo que suele ser la pacatería pasteurizada hollywoodense.
'Blue Ruin' tensa los nervios. La brutalidad de ciertas escenas y la crueldad se entrelazan con momentos de humor negro que aportan un equilibrio perfecto. Este film se presenta como una propuesta destacada dentro del género, emanando del mejor cine independiente estadounidense.
Más que sumergirnos en el infierno, Blumberg se centra en resaltar que el apoyo mutuo es fundamental para salir adelante. Lo más destacado del filme es que evita provocar compasión, ya que también se abstiene de juzgar a los personajes.
Esta comedia negra no teme a nada, incluso a romper con lo políticamente correcto. Sin embargo, no ofrece nada nuevo al ya explorado género de los compinches de acción que abundaron en los años ’80 y ’90.
La poesía que emana de las imágenes, las ventanas que deja abiertas a la imaginación le dan una bocanada de aire fresquísimo al anquilosado y atrofiado cine estadounidense al que nos vamos acostumbrando.
Hay algo evidente en el cine de Scott, y en particular en los relatos históricos que filma: los enfrentamientos cuerpo a cuerpo, con armas filosas, no tienen parangón alguno con las guerras del siglo XXI.
La música de Thomas Newman, ya sea interpretada con cítara, guitarra acústica, tambores o incluso elementos electrónicos, va más allá de acompañar la belleza visual; se convierte en un elemento distintivo por sí mismo.
No sería lo mismo si el Adam de título, en su versión adulta, no fuera Ryan Reynolds. Es que el canadiense tiene un timing para la comedia, que cuando en sus películas se combina con el cine de acción, parece que fuera imbatible.
Todo en 'Señor Link' está tamizado por un humor más absurdo que básico, y al cabo lo que queda es el disfrute de la animación tras 94 minutos de entretenimiento.
Lo que prima es el humor, el colorido y el mensaje de que ser distinto no tiene nada de malo. Hay que ser consecuente con uno mismo y disfrutar de la vida.
El problema con 'Love the Coopers' no es la trama, que sería en este caso lo de menos, sino los diálogos, ni la conglomeración de estrellas, sino que la conjunción precisamente no se da.
Toda la atención que uno le ha puesto a lo que ve, o se multiplica o disminuye. Es que el director Jeff Baena no se decide ni por una cosa ni por la otra. Y entonces, el filme como que queda naufragando. A la deriva.
El aporte de la banda de sonido es casi tan importante como la edición, entre rasante y tajante, lo mismo que la iluminación, casi naturalista. Y la construcción de los personajes secundarios demuestra tanta carnadura como los protagonistas.