Toda la atención que uno le ha puesto a lo que ve, o se multiplica o disminuye. Es que el director Jeff Baena no se decide ni por una cosa ni por la otra. Y entonces, el filme como que queda naufragando. A la deriva.
Una película centrada en el autoconocimiento, llena de angustias y alegrías, temores y decepciones. La inclusión de numerosos personajes secundarios interpretados por no actores aporta al filme un tono auténtico.
Page retoma un rol que recuerda su papel revelador en Juno. Sin embargo, el nuevo guionista muestra una falta de ingenio y la actriz de 'El origen' parece no tener muchas ganas de reinventarse. Esta comparación resulta inevitable y perjudica ante una película tan significativa.
No es 'Náufrago', ni 'Lost', tampoco 'The Walking Dead', pero hay una reclusión y un recogimiento que fluctúan de un personaje a otro, con giros que, aunque ya vistos, no afectan la esencia de la historia.
Producida por el cada vez más futurista Ridley Scott, la historia logra el clima de encierro -tampoco crean que se han gastado muchos dólares, que para eso Scott dirigió la inminente 'The Martian', pero también tiene sus clisés, y violines altisonantes.
Ya por la novena entrega, lo que alguna vez llamó la atención y resultó fresco, comenzó no precisamente a madurar, sino a perder eso que lo mantenía nuevo y hasta atrevido.
Es un retrato hiperrealista, con lo social, lo cultural y lo gastronómico en un mismo plato con el asado. En síntesis, un buen pedazo de carne donde hincar el diente.
La agilidad de los diálogos es también esencial para que el desarrollo del filme no sienta en ningún instante que se estanque, sino que vaya sumando, agregando capas y problemas.
La película es desigual, comenzando con gran fuerza y descendiendo hacia el final. Östlund demuestra ser un excelente dialoguista, logrando exasperar los ánimos de la audiencia, y ciertamente lo logra.
No hay cinismo, ni tampoco hipocresía, sino sarcasmo e ironía. (...) es una película que interpela. Lo hace las mayoría de las veces con humor negro, pero no es una comedia.
El filme atrapa desde el desconcierto inicial, ya que presenta numerosos personajes y sumerge al espectador en el núcleo familiar sin ofrecer presentaciones. A medida que avanza, se establece una conexión que permite sentir a esos personajes como parientes en común.
Es una profunda exploración de las relaciones humanas, donde cada individuo asume un papel específico. Se observa cómo se manejan las dinámicas cuando el hastío se convierte en el factor predominante, dejando de lado tanto la sensibilidad artística como la lógica.
Her no es una película sobre un loco que se enamora de una computadora. Habla de cómo cambiamos, nos relacionamos, sufrimos, deseamos, y volvemos a empezar.