No es 'Náufrago', ni 'Lost', tampoco 'The Walking Dead', pero hay una reclusión y un recogimiento que fluctúan de un personaje a otro, con giros que, aunque ya vistos, no afectan la esencia de la historia.
Producida por el cada vez más futurista Ridley Scott, la historia logra el clima de encierro -tampoco crean que se han gastado muchos dólares, que para eso Scott dirigió la inminente 'The Martian', pero también tiene sus clisés, y violines altisonantes.
Desde la realización, Linklater evita los clichés en las relaciones de pareja, presentando la historia a través de un enfoque dinámico y lejos de lo vulgar, resultando en una propuesta sumamente atractiva.
La película de Nicole Holofcener podía caer en uno o varios de los clisés de la comedia romántica adulta, pero los evade de a uno en fila. Narrada con una naturalidad asombrosa para lo que suele ser la pacatería pasteurizada hollywoodense.
'Blue Ruin' tensa los nervios. La brutalidad de ciertas escenas y la crueldad se entrelazan con momentos de humor negro que aportan un equilibrio perfecto. Este film se presenta como una propuesta destacada dentro del género, emanando del mejor cine independiente estadounidense.
Más que sumergirnos en el infierno, Blumberg se centra en resaltar que el apoyo mutuo es fundamental para salir adelante. Lo más destacado del filme es que evita provocar compasión, ya que también se abstiene de juzgar a los personajes.
Lacónico, violento pero sin estridencias, contenido y formal, 'Shotgun Stories' fluye en la pantalla como un thriller de ribetes dramáticos, con una tensión que se acrecienta minuto a minuto.
La historia es tan alocada y aceitada que permite todo tipo de dislates, soportados por la lógica gilliamista: suelta tu imaginación, y si no logras tu própsito, al menos lo habrás disfrutado.
Ya por la novena entrega, lo que alguna vez llamó la atención y resultó fresco, comenzó no precisamente a madurar, sino a perder eso que lo mantenía nuevo y hasta atrevido.
Tiene lo que hay que tener, en su cuota justa para entretener desde ese comienzo hasta el final. Hay mucho de guiño y de cinefilia, de humor, de citas y de haber gastado la videocasetera viendo clásicos de robos y persecuciones de los ’70 y ’80.
Las coreografías de las peleas y persecuciones son lo más destacado. Los gags son el soporte de escenas impresionantes, mientras se destruyen autos a una velocidad que supera la verosimilitud.
Todo sucede casi sin bajarse del auto. Es un filme experimental en ese sentido, que no siempre sale airoso y cuyo desenlace, curiosamente, es lo menos insospechado dentro de todo lo que parece espontáneo.