Kaurismäki es un maestro del humor sutil, quien sorprende con situaciones inesperadas y movimientos impredecibles de los personajes. Su manejo del ritmo interno es excepcional y poco frecuente en el cine contemporáneo.
Es cruda, visceral y por momentos escurridiza. Piotr Domalewski, en su opera prima, desnuda penurias y/o avaricias, pero también la necesidad de afecto de los personajes.
Provost intenta construir una comedia dramática con más énfasis en la comedia que en el drama. Sin embargo, las situaciones humorísticas son escasas y, a pesar de todo, Deneuve brilla con su glamour, incluso cuando su personaje necesita exagerar más de lo habitual.
No hay cinismo, ni tampoco hipocresía, sino sarcasmo e ironía. (...) es una película que interpela. Lo hace las mayoría de las veces con humor negro, pero no es una comedia.
El filme atrapa desde el desconcierto inicial, ya que presenta numerosos personajes y sumerge al espectador en el núcleo familiar sin ofrecer presentaciones. A medida que avanza, se establece una conexión que permite sentir a esos personajes como parientes en común.
Lo que presenta Tognazzi es tan insípido que al llegar al desenlace, uno ya no se interesa por lo que Federica, su personaje, decida hacer con su vida. Esto no es un buen indicio.
Gags de este estilo pululan, y la mayoría no deja bien plantado a Polanski, con personajes femeninos tratados como objetos sexuales, misoginia y homofobia. El guion es la base del despropósito y Polanski lo comparte con Jerzy Skolimowski.
Es una profunda exploración de las relaciones humanas, donde cada individuo asume un papel específico. Se observa cómo se manejan las dinámicas cuando el hastío se convierte en el factor predominante, dejando de lado tanto la sensibilidad artística como la lógica.
Her no es una película sobre un loco que se enamora de una computadora. Habla de cómo cambiamos, nos relacionamos, sufrimos, deseamos, y volvemos a empezar.
Los últimos 5 minutos son los mejores que haya rodado Payne en toda su carrera. Probablemente Nebraska no gane ninguno de sus seis Oscar a los que está nominada, pero se los merece todos.
Es magnífica, y nos quedamos cortos. (...) 'Blue Jasmine' no parece, desde la historia, una típica película de Woody, aunque el entramado sea de lo más allenesco posible.
Agosto, además de tener en su trama tantos elementos sobre el derrumbe de una familia que dejan al espectador entre groggy y exhausto, es el tipo de pieza que se basa en las actuaciones.