Un claro manifiesto en contra del Brexit que, sin duda, aboga por la unidad y critica la arrogancia de un sector xenófobo. Presenta un melodrama rico en matices y se deleita en su propia grandeza.
El cineasta polaco no le teme ni a la experimentación ni al qué dirán. Su propuesta es firme, expresionista e impactante, un cine donde solo parece haber espacio para la emoción.
No es tan impresionante como podría haber sido, ya que el apego a los códigos de Disney afecta tanto el ritmo de la película como su capacidad para sorprender. Sin embargo, la fórmula en general sí cumple con su objetivo. Todo esto se presenta de manera sencilla y sin excesos.
Su frenesí verbal y su humor sin cortapisas son un verdadero acierto. Cuidado con Peter Rabbit: divertido, tierno y capaz de poner patas arriba la campiña inglesa.
Hay algo doloroso en 'Aladdin' y no se refiere tanto a la película hipercodificada y desdibujada que resulta ser, sino a su condición de ser un espectáculo nostálgico que, a pesar de todo, se sitúa entre lo mejor y lo peor. Es una mezcla de sentimientos.
Tan pronto se enfoca en algunos estilos de los grandes del cine, como se deja llevar por la naturaleza salvaje que retrata. El drama emocional resplandece como destellos de belleza.
Gana cuando expone la ternura y belleza de los sentimientos y se diluye cuando llega el consecuente discurrir de los sucesos, donde, paradójicamente, lo melodramático pierde intensidad.
Te sumerge sin piedad en la recreación de un mundo abrupto donde, sin embargo, cualquier intento de sentido es estéril. Nemes vuelve a ejercitarse en el terror de la Historia y saca un excelente trabajo.
Es cuando Aurel nos transporta a la oscuridad que vivió Josep en Argelès-sur-Mer. La película se convierte en una abstracción conmovedora, mientras los dibujos del republicano impactan y realmente causan dolor.
A la cineasta polaca le interesa ahondar en las dobleces del sistema, en este caso el comunista, y en las ambigüedades del ser humano. Filmado con tonalidades grises, se acentúan las sombras del personaje.
Schrader presenta una propuesta cinematográfica rigurosa, con una hábil composición escénica y una técnica impecable. Su enfoque es sutil y extraordinario.
Giros que evocan el estilo de Wes Anderson, aunque son recursos efectivos y valiosos, destacan la ambigüedad del estilo cinematográfico de la directora catalana.