Sin desviarse de las convenciones de este tipo de relatos y con un enfoque formal sin excesos ni innovaciones, Iván Porras narra la historia de ‘Gacela Miranda’.
La urgencia con la que fue rodada es uno de los puntos fuertes de un trabajo que consigue extraer de sus protagonistas unas interpretaciones vívidas y honestas.
Es un revelador estudio sobre la fuerza productiva del cuerpo de las mujeres, visto a través de su perspectiva en el Cabaret Barba Azul. El primer tramo de la película resulta fascinante.
Para un artista cuya obra se basaba en la ingenuidad, la película que retrata su vida presenta una estructura más funcional que impactante. No logra trascender el ensimismamiento de Cheval.
La palabra recitada y el montaje envuelven en elementos cinematográficos un texto que surge de la austeridad escénica, impregnando la película de la intensa y arrebatada poética de Ortiz.
Un duelo que, en pantalla, elude el drama para abrazar la ternura. La cineasta nos muestra generosamente sus vínculos amorosos, creando un conmovedor ejercicio de la memoria.
En 'Loving Vincent', la técnica utilizada es una auténtica obra maestra que hipnotiza con sus trazos espesos y vibrantes. La película logra dar vida al arte de una manera extraordinaria.
Deluc utiliza una gama de azules verdosos para representar esta primera aventura fallida del artista, sin embargo, su retrato queda limitado al típico perfil hagiográfico de un artista incomprendido.
Excepcional película, pero el valor de 'My Mexican Bretzel' reside también en su pericia para trasladarnos a un mundo y a un tiempo imposible, que solo existe en sus imágenes.
Dabis busca evitar el sentimentalismo excesivo que a menudo acompaña a historias similares. Su enfoque es más sutil, dejando que las emociones surjan de manera natural a través de la narrativa y el desarrollo de los personajes.
Curiosa película, aunque algo exagerada en sus intenciones, sigue siendo relevante. Es un auténtico cuento de hadas 'live action' que transforma por completo la fábula original.
Comedia romántica bastante convencional, con instantes de ensueño, algunos humorísticos y otros que resultan demasiado funcionales y podrían ser prescindibles. En cada escena en la que aparece Kidman se destaca, mostrándose como no la habíamos visto en mucho tiempo.
Es inevitable cuestionar la necesidad de llevar a la gran pantalla una propuesta tan inconclusa. Se siente como un western en potencia. Acompañaremos al cineasta en su travesía.
Es imposible negar la pesadez narrativa en que cae en según qué momentos el largometraje, pero cualquiera que haya profundizado un mínimo en los libros sobre la Revolución comprenderá el ánimo riguroso de Schoeller.
Ni siquiera el juego de enredos logra disipar la sensación de déjà-vu al presentar una historia que quizás no necesitaba continuar su vaivén entre diferentes épocas.