Los heroísmos en el cine de Eastwood son siempre ambiguos y ajenos a la épica. Sus personajes son idealistas de un mundo obsoleto. Pero es justamente esa falta de grandeza a los ojos de la época lo que los eleva para la mirada de Eastwood.
Con ecos de 'Los infiltrados', esta serie protagonizada por Kevin Bacon explora los delgados límites entre el crimen organizado y las fuerzas de seguridad encargadas de perseguirlos.
El ingenio del guion, a pesar de ser predecible dentro del género, consigue llevar a cabo giros interesantes. Además, la habilidad coreográfica de Anna en cada pelea compensa la ausencia de profundidad en la trama.
Aún con sus aspiraciones al comentario social, Vanicek se acomoda con soltura en el género, logra imágenes espeluznantes y consigue que la narrativa sostenga el dramatismo necesario sin artilugios excesivos.
Matt Bettinelli-Olpin y Tyller Gillet amplían el universo de Scream, manteniendo la esencia del legado de Craven y la aprobación del guionista Kevin Williamson. Es una digna sucesora que logra ser brutal y terrorífica hasta el final.
La puesta en escena resulta tan impersonal como exige su aspiración a un público global. Desde el vértigo de las persecuciones hasta el sombrío entorno de los crímenes, el uso de historias reales se convierte en un simple paraguas moral para presentar la ficción.
Esta secuela pierde toda la frescura del reinicio de 2018, interrogándose sobre el origen del mal con elucubraciones muy poco atractivas y discursos pretendidamente reflexivos.
Este cierre se despoja de verdadera inquietud, las actuaciones son muy limitadas, resulta menos arriesgado visualmente, (...) y se limita a desplegar el rompecabezas criminal con la medida justa de efectividad.
La caja de trucos del director Gregory Plotkin carece del ingenio que caracteriza a los homenajes a los clásicos y no alcanza la ambición crítica de la relectura del género. Se sostiene gracias a una habilidad limitada, atrapada en los estrictos confines de una copia deliberada.
'La mantis' podría ser la versión francesa de 'El silencio de los inocentes'. Bouquet, a sus 60 años, exhibe un encanto perverso y arrollador que deja al resto del elenco en un segundo plano.
La película se sostiene en la calidad de las actuaciones, como suele ocurrir con las producciones de cámara, y en la exploración de un ambiente de introspección claustrofóbica.
La película opta por un enfoque más seguro y convencional, combinando el desamor con las inseguridades en el ámbito profesional, en lugar de explorar las dimensiones existenciales que había prometido.
Todo se tiñe de una falsedad ampulosa y aburrida que intenta en vano generar emociones a partir de un decálogo de frases célebres y un despilfarro de efectos especiales.
Goi no logra elevar la puesta en escena debido a un argumento deficiente, lleno de giros que resultan absurdos y previsibles. Además, no consigue crear una atmósfera inquietante ni opresiva.
Las evidentes debilidades de la historia de dos hermanas de vacaciones en México, que terminan en el fondo del mar a merced de los tiburones, se concentran y magnifican en el cursi y prescindible prólogo.
Sin expandir el horizonte de su predecesora, 'Una cigüeña en apuros: la joya perdida' se afirma en una animación clásica, con colores vibrantes y secuencias musicales que recuerda la etapa originaria de Disney.
Con guiños a 'La dama y el vagabundo', sin devaneos lacrimógenos y con personajes simpáticos, Ploey se afirma en lo conocido para contar un animado coming of age en el que la astucia y la valentía arriban siempre con la nueva primavera.