Goi no logra elevar la puesta en escena debido a un argumento deficiente, lleno de giros que resultan absurdos y previsibles. Además, no consigue crear una atmósfera inquietante ni opresiva.
Las evidentes debilidades de la historia de dos hermanas de vacaciones en México, que terminan en el fondo del mar a merced de los tiburones, se concentran y magnifican en el cursi y prescindible prólogo.
Sin expandir el horizonte de su predecesora, 'Una cigüeña en apuros: la joya perdida' se afirma en una animación clásica, con colores vibrantes y secuencias musicales que recuerda la etapa originaria de Disney.
Aún más desenfadado, el universo de esta segunda entrega regresa a la primacía de lo visual, logrando varias escenas entretenidas y aprovechando el catálogo musical de Sony con un equilibrio preciso entre el humor y la nostalgia.
Con guiños a 'La dama y el vagabundo', sin devaneos lacrimógenos y con personajes simpáticos, Ploey se afirma en lo conocido para contar un animado coming of age en el que la astucia y la valentía arriban siempre con la nueva primavera.
El film escrito y dirigido por Thomas M. Wright se erige como un respiro entre el didactismo del true crime y consigue construir una atmosfera de suspenso y horror con muy pocos -pero acertadamente utilizados- recursos.
Sin apartarse de ciertas convenciones en torno al romance y los códigos de los relatos sobre la mafia, Una femmina condensa su hipnotismo en la fuerza de su protagonista.
Más allá de su ímpetu clásico en el relato y la constante exploración de las relaciones de poder en la época, lo que define a la película de Scott es la deconstrucción de los verdaderos intereses detrás de la retórica del honor mancillado.
La inspiración en hechos reales entrelazados en una trama de ficción contribuyó a dar a las historias la ferocidad de lo real al mismo tiempo que el atractivo de todo relato.
Bajo una apariencia más prolija y discursiva, Haynes nos regala una película de horrores y monstruos, mucho más peligrosos y presentables que los que habitan en la oscuridad.
Está llena de sonrisas y buenas intenciones. Sin más pretensiones que la conservadora evasión de sus personajes y sus espectadores, Cattaneo pone en escena un recorrido aún más previsible, y sin el encanto de la novedad.
En apariencia, 'Escape at Dannemora', miniserie dirigida con gran solvencia por Ben Stiller, es el relato de un plan de fuga. Sin embargo, en su trasfondo, se presenta un retrato cruel y surrealista de ese mundo cerrado.
Pese al tono de correcto academicismo, captura algo de la radical libertad de su protagonista en su sacrificio inaugural y su personal calvario. Rooney Mara demuestra, como en 'Carol', que la esencia de su actuación está en su mirada.
Cleopatra queda así prisionera de la pobreza de la ficción que la representa, de la fingida euforia de quienes dicen haberla estudiado, y de los enigmas que prevalecen sobre su origen que aún no llegan a horadar la fuerza de su leyenda.
Ese gesto de correr la tragedia del centro, de vislumbrar a la profesional detrás del ícono, de recuperarla como una mujer moderna, decidida, consciente de su imagen pública y dueña de la privada es también un valioso descubrimiento.
Guiados por el intento de enredar la trama y hacerla escandalosa, de exprimir el universo freudiano de todas sus lecturas. La serie se reduce a un pastiche indeciso entre retazos de psicología barata y el horror más efectista.