Coixet transforma una historia real de dos mujeres españolas que se casaron en 1901 en algo confuso y sin gracia. La película se ve debilitada por actuaciones letárgicas y poco dinámicas.
La clase de película que apenas puedes creer que sea de Werner Herzog. Es madura, respetable e histórica, perfectamente realizada, está llena de acentos y vestidos de época, pero resulta un poco aburrida.
A veces, parece una obra de teatro de la televisión clásica, filmada en un solo escenario. Sin embargo, el resultado final emana rigor, claridad y vida.
Una obra consistente y profunda, interpretada con precisión y urgencia, que presenta escenas de campo de batalla donde las elaboraciones digitales se integran de manera magistral en la acción. Siempre rinde homenaje a su temática.
La transformación del joven Tolkien mientras se adentra en el mundo de la filología en Oxford es cautivadora. Su sinceridad y su idealismo aportan una perspectiva renovadora.
No posee el encanto ni la emotividad característicos de los clásicos de animación de Disney. Es una película que se asemeja a un elefante incapaz de alzar el vuelo.
Sobre el papel, 'Nadie quiere la noche' debería ser una obra dramática y audaz, pero carece de entusiasmo. La calidad innata de Juliette Binoche se presenta como el único sostén de la película.
Toda la furia y sufrimiento de la guerra nunca se hace patente del todo. Hay interpretaciones inteligentes aquí, pero la película queda opacada por la piedad.
Un chorrito de jarabe de preciosidad y buen gusto cubre esta empalagosa película sobre el pintor Pierre-Auguste Renoir (Michel Bouquet) y su hijo, el cineasta Jean Renoir (Vincent Rottiers).