Un petulante y vacío ejercicio de violencia macho-sentimental. Como con todas las películas basadas en hechos reales, surge la pregunta de cuál es el hecho real.
La película presenta un humor auténtico, aunque en algunos momentos se siente un poco excesivo. El guionista Ronald Harwood logra desarrollar de manera efectiva la dimensión emocional de la historia.
Incluso los detractores de Von Trier, como en mi caso, deben reconocer que se trata de una obra intrigante, técnicamente lograda y con actuaciones destacadas.
La dirección y la narración son laboriosas, sin el estilo y la incorreción de las primeras películas de Daniels. Una nube de solemnidad y reverencia cuelga sobre ella.