Andersson como director es simplemente asombroso. Ha logrado crear un ciclo de cine épico completamente singular que debe ser experimentado para ser realmente apreciado.
Se trata de un pequeño y tierno cuento, deudor de 'Monsters Inc' y de todo el canon de Pixar, que se salva de ser predecible gracias a otras influencias, así como a sus diversos niveles metaficcionales de narración.
Una delicia magníficamente dulce. La he disfrutado más que las dos versiones anteriores, con Gene Wilder en 1971 y Johnny Depp en 2005. Aporta las endorfinas del chocolate.
Aunque presenta momentos entretenidos, quienes están acostumbrados a la ironía exagerada y a la potente comedia del universo Lego podrían encontrarlo decepcionante.
Es como si la fantasía inocente del mundo de piratas y aventuras de los niños no fuera suficiente. La acción debería ser reforzada. Lo suficientemente decente.
Sean Baker nos ha ofrecido una perspectiva de la vida americana para adultos, presentando esencialmente una comedia que también actúa como un estudio de las difíciles existencias en la marginalidad, similar a su exitosa obra 'Tangerine'.
Hay algo inquietante y conmovedor en esta historia de amor maldita. A veces pone a prueba la paciencia del espectador, aunque solo un poco. No obstante, es una película que captura perfectamente la esencia de la era Covid.
Jarmusch encuentra en el mundo brutal de los asesinos profesionales no sólo la mera comedia negra, sino tristeza y su propia veta de poesía nostálgica.