No cabe duda de que con persistencia, Maddin ha conseguido que este pastiche sea una película con un lenguaje propio. Hay que verla en pantalla grande.
Es ese tipo de película poco común que te deja aturdido al salir de la sala, haciéndote cuestionar a tu acompañante: '¿qué demonios ha pasado ahí dentro?'
Aunque presenta momentos entretenidos, quienes están acostumbrados a la ironía exagerada y a la potente comedia del universo Lego podrían encontrarlo decepcionante.
Es como si la fantasía inocente del mundo de piratas y aventuras de los niños no fuera suficiente. La acción debería ser reforzada. Lo suficientemente decente.
Hay muchas otras películas navideñas más meritorias que deberían estar por delante de esta en la lista de pendientes de ver reestrenadas, pero mi gusto por el sentimentalismo navideño no me permite rechazarla por completo.