Albert Dupontel protagoniza su propia comedia frenética, que intenta ser divertida pero no lo consigue. Algunas películas francesas, al igual que el vino, no mejoran con el tiempo. Esta, por el contrario, termina siendo comparable al vinagre.
Lo último de Noah Baumbach ofrece un guion ingenioso y un elenco destacado, pero es Ben Stiller quien realmente brilla con una notable interpretación emocional.
A pesar de contar con un elenco de gran calidad, que incluye a Charlotte Gainsbourg y Mathieu Amalric junto a Cotillard, la película de Arnaud Desplechin que da inicio al festival de Cannes resulta ser un desconcertante caos.
Esta película se presenta como una obra destacada. Sin embargo, se percibe un exceso de ostentación y grandilocuencia que, a pesar de su elegancia, hace que la chispa de la emoción quede oculta.
Es una intriga bromista que no logra ser ni suficientemente aterradora ni seria para resultar interesante, ni tiene el ingenio o la ironía necesarios para funcionar como comedia.
Una alegre y simpática animación pre-Halloween, basada en el cuento de 1887 de Oscar Wilde. Los efectos visuales no destacan por su innovación, pero la narración se desarrolla de manera ágil.
Las burdas y tediosas secuencias de acción, con su estética de videojuego, resultan ser una clara condena. No hay nada verdaderamente interesante o glamuroso en estos vampiros.
Una comedia de terror que intenta mezclar dos géneros, pero como suele ocurrir, uno prevalece sobre el otro. Es demasiado graciosa para generar miedo, pero no llega a ser lo suficientemente divertida.
Murray resulta entretenido, pero la película decepciona al carecer de sustancia. La trama no se encuentra en un punto crítico, sino que se aproxima de manera tímida a un desenlace que no logra impactar.