Es una obra de arte radical que viaja en el tiempo hasta las sagradas escrituras, hasta Cervantes y Shakespeare para crear una nueva expresión dramática por sí misma.
Es cruda y sombría, con algunos defectos, pero se destaca por su honestidad. Las interpretaciones son sólidas y el manejo del doble sentido en su título es inteligente.
Eddie Marsan destaca en su papel de un ex soldado alcohólico. Se trata de un film impactante que, sin embargo, presenta ciertas deficiencias en su ejecución. Es una película intensa, aunque no carece de imperfecciones.
No se trata en absoluto de un thriller policíaco al estilo de los 'casos sin resolver', sino que en todo momento resulta escandalosamente exagerado, con giros argumentales disparatados y casi oníricos. Sin embargo, es bastante amena.
Se trata de un proyecto personal de exploración y un experimento de reflexión. Tal vez todos seamos como Dick Johnson, sonriendo como si la muerte no tuviera nada que ver con nosotros.
Cuando se levanta el telón en el tercer acto, es el momento de algunas sobreactuaciones y maquinaciones homicidas que resultan exageradas y absurdas, generando incomodidad.
Risas, buena energía y algunas escenas rocambolescas convierten este análisis sobre las relaciones con familiares lejanos en un divertido viaje de autodescubrimiento.