Todo es evidentemente ridículo. Pero Blake Lively, Collet-Serra y un tiburón digital no tienen compasión en engancharnos con tensión de serie B. Y nosotros, picamos.
Sólo los marineros de agua dulce se resistirían a la emocionante acción del hombre contra el leviatán. Howard pone corazón, alma y todos los trucos de ballenas digitales del manual para crear una aventura marina que te sacude el barco.
Redford, que puede ofrecer inteligencia, ingenio y matiz frente a una cámara como nadie, nos sostiene en sus garras. Es una clase magistral de interpretación.
Las buenas noticias primero: Keith Richards está genial como el padre pirata de Depp. ¿Las malas? Que Richards apenas aparece dos minutos; el resto son excesos de efectos especiales y unos inapropiados arreglos para 'Piratas 4'.
Deja que un dibujo animado para todos los públicos dé una lección a las películas con actores de carne y hueso sobre lo que es la acción, la diversión y una fuerte originalidad.
Una embrujadora mezcla de locura y astucia. El retrato de Portman de una artista bajo asedio es imprescindible e inolvidable. Al igual que la película.
Esta precuela es todo menos atrevida. Se siente más moderada que salvaje y resulta ser una forma amena de pasar el tiempo, aunque no ofrece nada realmente innovador.
Excitante y emocionalmente envolvente. Con probada inteligencia y un sentimiento apasionado, Cameron eleva esta película de aventuras a un nivel casi artístico.