Carolyn logra crear una atmósfera inquietante que atrapa al espectador, pero es decepcionante que, al finalizar la parte gótica en el asilo, la trama se transforme en una serie de explicaciones excesivas al estilo de Scooby Doo.
Sutil y profundamente evocadora, la película brilla con un amor y atención sorprendentes. La coherencia se ve potenciada por las destacadas actuaciones de los dos jóvenes protagonistas.
Thomas Sainsbury da vida a un hombre divorciado que, ansioso por escapar de su pasado, se enfrenta a un viaje intrigante que, lamentablemente, no cumple las expectativas en su desenlace.
Este techno-thriller mezcla un enfoque visionario con un aire cursi, tocando lo absurdo. Incorpora elementos de fantasía y terror, y se inspira en la estética synthwave de los años 80, aunque no se compromete completamente a ninguno de estos géneros.
El debut de Matt Vesely establece claramente su estilo, destacando especialmente la habilidad de un solo actor que recorre grandes distancias complementado por múltiples interpretaciones vocales.
La película establece paralelismos entre las dificultades de los trabajadores polacos inmigrantes en Noruega y la homofobia que enfrentan dos jóvenes amantes, aunque no logra unir completamente ambas tramas.
Compuesta con fuerza y en gran parte por personajes que monologan sobre planos ilustrativos, la obra se transforma en una experiencia épica y casi sublime.