El diálogo de Tarantino resuena con ingenio obsceno y poesía vulgar, y usa la pantalla panorámica para causar efecto con mucha profundidad de campo que crea un espacio dramático entre la gente.
Farrell y Gaynor tienen una gran química en pantalla, ofreciendo experiencias memorables que resonarán profundamente en los espectadores que sepan conectar con sus emociones.
El director y el público se convierten en voyeurs, imponiendo nuestros relatos sobre lo que observamos en la pantalla, al igual que cuando organizamos el mundo que nos rodea.