Para los hijos que no mantienen comunicación con sus padres y viceversa. Es una obra que combina la esencia de un diario personal, despojado de sentimentalismos, y una interesante propuesta experimental.
Sin levantar grandes pasiones, es una película amable y discreta que seguramente satisfará a los seguidores de la muy conocida 'Una pastelería en Tokio'.
Estupendo filme carcelario. El director explora un enigmático misterio, evitando los clichés habituales del género, y presenta una película original, sutil y convincente.
Aunque puede leerse como un ensayo, no es un panfleto ni tiene la intención de aleccionar. Triet prefiere cultivar una ambigüedad sugerente, misteriosa e incluso perversa.
La película se estructura en tres actos, sin caer en lo teatral, ya que Song siempre recuerda que se trata de cine, ofreciendo una obra que recuerda a 'Manhattan' y 'Deseando amar'.
Aparece Alba Rohrwacher, enorme y la película da un brinco hacia el cielo. Se mezcla con 'Un hombre y una mujer', añadiendo toques acertados y emocionantes, reflejando el estilo del cineasta social que Brizé busca encapsular.
Las imágenes desbordan belleza inigualable. Con un ritmo pausado, se toma el tiempo necesario para sumergirse en la atmósfera, disfrutar de cada detalle y reflexionar sobre su impacto.
Todo resulta atractivo. Sin embargo, en la práctica, la duración es evidente que es excesiva. Se percibe el entusiasmo por hacer gran cine, pero no logra transmitirse al espectador.
Ly intenta completarla trilogía sobre la transformación de la 'banlieue' parisina en tres décadas. La película es valiosa, cuenta con buenos actores y una dirección adecuada. Además, ofrece una reflexión sobre el conflicto político y la futilidad de la violencia.
Más que una simple adaptación, esta obra se presenta como un emotivo homenaje a la grandeza del mito, tanto que su influencia puede resultar abrumadora.
Es un ovni que aparece repentinamente en nuestro mundo, rompiendo las normas establecidas y activando una máquina imparable. Este proceso se ilustra a través de un humor peculiar que se transforma constantemente en cada nuevo segmento.
Una película que evoca un ambiente sombrío en todos sus aspectos, desde la narrativa hasta la estética, destacando la fría y distante fotografía de Jérôme Alméras.
La sobriedad de la puesta en escena, un ritmo reflexivo y un delicado manejo del sonido, permiten que esta nueva obra de Machín resplandezca con una poética singular.
Convencional, pero eficiente y suavemente humorística, cumple con su cometido al meternos en la piel del hombre corriente que cae en la trampa de sus propias imprudencias vitales.