Levinson, eficiente creador al servicio de las estrellas, presenta una historia que resulta convencional tanto en su narrativa como en su forma. Sin embargo, cada vez que Vicky Krieps aparece en pantalla, la película alcanza nuevas alturas.
Una decepción proporcional a la duración del filme. Malick ha perdido el rumbo con esta hagiografía. Es una película que requiere mucha paciencia y ofrece muy poco a cambio.
Aunque no aporte grandes revelaciones cinéfilas y psicoanalíticas, brilla por su elegante discreción, por sus generosas dosis de un humanismo y por la inteligencia de un autor que, aun con su film más aletargado, nos recuerda que sigue siendo uno de los más interesantes realizadores galos.
Una obra maestra que cuenta la historia de amor entre Cate Blanchett y Rooney Mara, quienes ofrecen interpretaciones sublimes. Fue recibida con ovaciones en Cannes 2015, dejando a este cronista con lágrimas en los ojos.
Lo mejor es la frescura de la chilena Sara Becker. Aunque esta adaptación plantea ideas interesantes, termina dejando un sabor agridulce, debido a un guion disperso y a personajes que son meras comparsas.
Bajo la cuidada fotografía de Philippe LeSourd y el característico barroquismo pop, se desarrolla una historia impregnada de una melancolía auténticamente dolorosa, llegando a ser incluso abisal.
Entrañable reconstrucción de las actividades del colectivo Jane, es un sensual viaje a la América de los 60. Formalmente impecable, la película está liderada por una sensacional Elizabeth Banks.
Imposible no caer rendido ante esas rimas internas. Lejos de cualquier cripticismo, el rompecabezas que se va armando durante la película es de una claridad diáfana y deslumbrante. Es verdaderamente iluminadora.
Es la mejor película del director. Bayona logra el equilibrio justo entre lo que puede y no debe mostrar. La experiencia para el público, el gran público al que va dirigida, es inolvidable.
Logradísima en lo estético, con buen humor y mejores secundarios, también contiene gore pasado de vueltas y chistes de cáncer, que pueden herir la sensibilidad del espectador equilibrado.
La nueva delicatessen de A24, con Mia Goth en particular, brilla como se espera. Es una pequeña masacre de los años setenta, divertida, sexy y visualmente atractiva.
Nos recuerda que la emoción no está reñida con el rigor, que el arte puede mirar a los ojos de la tragedia y que no hace falta recurrir al sensacionalismo para mostrar cuando el hombre es un lobo para el hombre.
Necesariamente claustrofóbica, 'Alumbramiento' apenas respira en un par de escenas musicales catárticas. La gélida soledad que enfrenta la heroína se percibe como una experiencia personal.
Es imposible no quedar superado y, al mismo tiempo, embelesado por la combinación de tres formatos analógicos, que puede y debe considerarse sublime. Prodigiosa.
Resultona. Podría haber sido una gran película sobre el lado más estúpido de la fama y las enormes sumas de dinero que genera. Sin embargo, su afán redentor la convierte en una propuesta demasiado superficial.