Es una película sin complejos, un drama desaforado que asume su tono exacerbado desde el primer momento. Es un filme que refleja una realidad a menudo silenciada.
Campillo revive aquellos años de lucha frenética para concienciar a la gente sobre la prevención del sida, recordándonos lo que sucedió. Su ritmo hace honor a las 120 pulsaciones por minuto de su título.
Película con sobresaltos pero sin sustos gratuitos ni parafernalia terrorífica extrema. Es más un relato de atmósfera, donde una mecha de inquietud se enciende lentamente.
Rodríguez presenta un relato vibrante y lleno de giros inesperados. Narra los eventos de manera clara, pero también permite que surja la incertidumbre.
Stahelski continúa con su característico estilo en las impresionantes escenas de acción, manteniendo una coreografía impecable. La trama no se siente sobrecargada a pesar de su duración cercana a las tres horas, las cuales transcurren de manera tan fluida como en entregas previas.
Exceso de tiroteos, golpes de artes marciales y planos gore. Las cosas no siempre salen bien por acumulación, sobre todo cuando debajo de esa superficie de hemoglobina no hay nada que rascar.
Un filme bellísimo que no se queda solo en la plasticidad coreográfica de las escenas de acción. Es también una tragedia sobre la ambición política en la China feudal.
Ducournau dirige con una fuerza que trasciende las premisas argumentales presentadas. Se trata de una obra inteligente y orgánica que se inspira en David Cronenberg y en el cine corporal de Claire Denis.
El emocionantes inicio no se traduce en un desarrollo adecuado. La película sacrifica la atmósfera inquietante a favor de algunos giros impactantes y explicaciones demasiado claras.
Green muestra una extrema contención y respeto por los estilemas del cine de terror de los 70, solo que introduciendo un poco de humor y, sobre todo, una jugosa variación del punto de vista.
Sorogoyen trabaja de manera efectiva la contraparte de los dos personajes policías. Se logra una armonía entre la rigurosa investigación policial y el retrato de dos personajes que parecen no tener salida.
No se parece a ninguna otra comedia italiana de reciente factura. A pesar de la originalidad en la historia y en la manera de representar el choque entre culturas opuestas, también resulta ser una película un tanto rudimentaria y excesiva.
Prometía más de lo que ofrece, pero quizás es que esperábamos de ella tanto o más de lo que brindó el personaje del guardián galáctico en la franquicia de Toy Story.