La puesta en escena muestra una delicadeza notable. La elipsis que refleja el envejecimiento de la familia a través de unas fotografías es uno de los momentos más memorables que he visto en años, lo que realmente justifica ver esta película.
Pinturas más bien pálidas. Un filme que se desarrolla en los paisajes cántabros a finales del siglo XIX, con diálogos en inglés bien cuidados y una ambientación adecuada, pero que adolece de intensidad.
La narración de Chan Marshall (Cat Power) añade un toque personal, sin embargo, el resultado final se siente como un montaje de material de archivo que carece de profundidad.
El filme mantiene un tono pausado, a pesar de la tensión en ciertos momentos, y logra la virtud de mostrarnos aspectos fascinantes tanto del entrevistado como del entrevistador.
Comedia ligera. El resultado es liviano y evanescente. Los personajes tienen un juego limitado, pero la narración coral logra cumplir su función. Las bodas pueden ser muy divertidas o un completo desastre.
Entre lo mejor destaca la actuación de Danielle Darrieux, quien interpreta al único personaje realmente lúcido de este filme, que resulta ser más empalagoso que amargo.
Stanley quizás prolonga en exceso el metraje antes de abordar la trama principal, sin embargo, en términos generales, Lovecraft seguramente estaría complacido con esta adaptación contemporánea de sus temores ancestrales.
Escalante logra una fusión notable entre el realismo social y la ciencia ficción alienígena. Su relato, que aborda la dinámica entre víctimas y verdugos, encuentra su esencia en la figura de una criatura que provoca un placer sexual infinito.
Está planteada con personalidad. La película es dura en ocasiones y más complaciente en otras. Sin embargo, esto no opaca los logros generales de esta obra que aborda la perversión del capitalismo contemporáneo.