Guy Ritchie saquea Camelot. Ritchie regresa a la exageración y la provocación superficial, con una estética sobrecargada y un artificio que ha quedado obsoleto.
Algunas situaciones son muy ingeniosas y otras, aunque previsibles, funcionan con la precisión que exige la complicidad. Condensa todo lo que esperamos del cine de horror, sin defraudarnos.
Recurrir al susto permanente no es una buena opción. El retrato de la institutriz y los dos niños carece de sutileza. Sin atmósfera, sin tensión y sin gracia, ¿qué queda del hermoso texto de James?
Crea sobre todo un estado de ánimo perturbador en el que, además de las cualidades de la animación clásica, el tratamiento del sonido y la dirección de arte resultan absolutamente fundamentales.
La gran baza de 'El libro de imágenes' no está en sus significados -o en la falta de ellos- sino en su inmensa capacidad para avasallar nuestros sentidos.
Lo que debería ser un documental sobre un buque carguero se convierte, gracias a un enorme trabajo con el sonido y unas formas visuales dantescas surgidas de la nada, en un verdadero relato de fantasmas.
El diseño de producción y las canciones destacan notablemente. Hay una gran cantidad de buenas ideas, aunque se siente la ausencia de Roald Dahl. Además, Timothée Chalamet presenta una actuación más comedida de lo habitual.
Animación muy sencilla y plástica. La música crea la atmósfera ideal del western, pero lo más interesante es la tranquila reivindicación de un personaje femenino realmente único.
Un texto que pervive hoy, a través del fino dibujo animado de Mattotti, se convierte en un espectáculo narrativo de primer orden con dos puntos de vista sobre la leyenda.
Esta fidedigna y caligráfica versión tiene a Bruno Ganz, mito del cine alemán de los 70, en el papel del cascarrabias abuelo, pero es la niña elegida para Heidi, Anuk Steffen, quien se lleva el gato al agua.
En la confrontación de dos estilos interpretativos tan distintos, el de la veterana actriz y el de esas mujeres y hombres que se expresan mediante su vida en la carretera, reside uno de los muchos aciertos.
Es una película cautivadora. Harrelson se sumerge en la piel de este antihéroe de manera impecable. La historia es más claridad en su enfoque hollywoodense que en su versión en cómic, manteniendo un toque de corrosión.
El filme se apoya en la ambivalencia moral de un guion bien estructurado, aunque algo agotador, y en las destacadas actuaciones del cuarteto protagónico.
Esta es una crítica fervorosa destinada a quienes aman las películas del director: 'Paterson' es una obra maestra del destilado narrativo, de la observación de las pequeñas cosas.