Película en la que el placer gastronómico y las marismas del deseo amoroso se conjugan en absoluta armonía. No es un filme culinario más, Anh Hung narra con enorme tacto y precisión la peculiar relación.
Plantea un juego ingenioso, pero atropellado. Hay más suspense que viandas selectas. Tras crear un cierto interés general, el filme se pierde en pequeñas cuitas individuales.
Aunque bien narrada e interpretada, la película tiene un cierto poso telefílmico, una corrección que a veces va a la contra de la tensión que procura la historia.
La inquietud se presenta desde la primera secuencia y se mantiene a lo largo de toda la película. A pesar de apoyarse en varios clichés, logra crear una atmósfera cautivadora y cuenta con un desenlace muy intrigante.
Una excelente Isabelle Huppert recupera la idiosincrasia original del texto de Stevenson, su reflexión sobre el bien y el mal, situándolo en el contexto de la enseñanza, la superación y la autoestima.
Se mantiene firme gracias a la interpretación humorística y sin prejuicios de Dujardin. Dupieux se apoya más que nunca en las interpretaciones, en lugar de centrarse en las situaciones, aunque estas continúen siendo dislocadas.
Experimento extremo que prioriza la imagen sobre la narrativa, donde conviven elementos tan dispares como una tortuga ninja de plástico y una hermosa representación del paisaje etíope. Resulta difícil clasificarlo.
Hazanavicius consigue que al principio rechacemos su película, pero luego terminamos adorándola, disfrutando de su cómica estridencia y descubriendo lo que inicialmente creíamos que eran grandes errores.
Carece de la ironía y comedia negra que se pueden apreciar en los dibujos de Addams o la serie de televisión de los 60. El resultado es un filme entretenido, sin más. El grafismo es bueno.
Los intérpretes logran sobresalir en los momentos donde el guion se estanca y pierde la fluidez que caracterizaba los compases iniciales de la película, los cuales abordaban el profundo misterio de la existencia humana.
La película presenta un retrato de la realidad cotidiana, casi costumbrista, que se entrelaza con una narrativa mucho más ambigua. A lo largo de su desarrollo, incluso incorpora momentos que recuerdan al cine gore.
Un filme que intenta desmantelar nociones antiguas sobre barreras, fronteras e idiomas, aunque esto no le otorga la entidad necesaria ni corrige algunas de sus salidas de tono.
Es una amalgama de comedia, drama, intriga, cómic y fantasía. Un cine popular realizado por un tipo bastante impopular, pero a todas luces solvente cinematográficamente hablando.