En comparación con la versión clásica de 1947, el tema ya no se siente tan impactante o profundo, y el estilo de del Toro no aporta una dimensión más audaz.
En una etapa de mayor convencionalidad en cuanto a temas y estructuras narrativas, Gus Van Sant se adentra en el biopic de John Callahan. La película ofrece una enseñanza valiosa a pesar de su presentación ortodoxa.
Si bien Taylor es contenido, también resulta excesivamente pragmático en las diferentes tonalidades del filme. La historia carece de una mayor pulsión e intensidad dramática.
Conviene desarrollar bien los personajes y no es el caso. Conviene no estirar demasiado la trama cuando ya no da más de sí, con requiebros innecesarios de guion. Y se abusa de los planos aéreos.
Una comedia cotidiana, luminosa y distendida. No es el filme esperado de Villaronga, pero es la película vitalista que quiso hacer antes de decir adiós.
Se caracteriza por su moderación, una puesta en escena entre elegante y sofisticada y la misma contención de los intérpretes, con Mieko Harada como eje de todas las cosas en el relato.
La película no olvida sus raíces teatrales, destacando el intercambio actoral entre Anthony Hopkins y Olivia Colman como su principal atractivo. Se presenta como un guion diseñado para resaltar las habilidades de los actores.
La virtud de la película es que aborda el doloroso tema del Alzheimer de una manera sincera. Sin embargo, algunos personajes y sus relaciones no están completamente desarrollados, aunque el elenco realiza un buen trabajo actoral.
No es un ‘biopic’, ni un documento. Se enfoca en la leyenda y la imaginación, priorizando un estado de ánimo en lugar de contar la vida y obra de una banda verdaderamente legendaria.
El único interés de este filme reside en la presencia de Anne Hathaway y Jessica Chastain. La película está diseñada para ellas y ambas ofrecen interpretaciones acertadas.
Puede que este tercer volumen supere a los dos anteriores, que ya eran buenos por sí mismos. No le faltan elementos que nos reconcilian con el cine de Marvel.
Salen todas y todos los esperados y se enfrentan a un villano histriónico representado por un Jason Momoa excesivamente enérgico. Es un puro delirio, con un exceso descontrolado.
Russell mueve los hilos de su hiperbólica trama confiando en sus intérpretes, la reconstrucción retro de la época y los vaivenes de un relato que a ratos interesa, en otros desconcierta y en la parte final se acelera.
Una puesta en escena elegante y hasta ascética, en la que los personajes susurran más que hablan, la reconstrucción de la época es severa y la música está empleada en su justa medida.
Es un filme de personajes que plantea una interesante pregunta: ¿puede nacer una gran amistad y complicidad entre un ladrón y su víctima? La película examina esta aparente contradicción de manera efectiva.
Es evanescente, más atenta a las fugas casi fantásticas que a una cierta virulencia combativa en cuanto a los temas tratados. Un peculiar ‘coming of age’ muy ‘britpop’.
La película, adaptación de la novela homónima de Herman Hesse escrita en la Alemania de entreguerras, conserva el espíritu conciliador al presentar los enfoques vitales de dos grandes amigos.
Una aventura fantástica infantil, ingenua e inocente, destinada a un público indeterminado, sea o no seguidor del famoso videojuego original, con un Jim Carrey pasado de vueltas.
Es un análisis del comportamiento de las mujeres a lo largo de las generaciones, aunque es bastante superficial y no se atreve a explorar en profundidad.