Scorsese presenta un drama que cierra un amplio ciclo sobre el crimen organizado, mientras brinda una lección condensada sobre la historia de Estados Unidos en el siglo XX.
Es curioso por su raíz genérica e incluso por la forma en que se filmaron los espacios abiertos. Sin embargo, carece de sustancia dramática y se desarrolla a través de excesivos clichés, presentando una clara dicotomía entre buenos y malos.
Es un wéstern hermoso y tranquilo, con un ritmo suave y sin excesiva tensión. A la vez, es un anti-wéstern: minimalista y evitando la iconografía convencional del género.
De las disquisiciones sobre políticas económicas y éticas sociales, la película deriva hacia una oda a la comprensión y la aceptación con dos excelentes actores.
La película narra la complejidad de sus rencillas y amistad, al mismo tiempo que destaca su arte único. John C. Reilly y Steve Coogan brillan en sus interpretaciones, realmente formidables.
Franco reproduce de manera fiel la gestación y rodaje de 'The Room', riéndose, ya que aquéllo fue también un gran chiste, al mismo tiempo que evoca con respeto. Es una obra muy divertida y a la vez emotiva.
Boyle no incorpora ningún cambio significativo, sino que combina la desorientación del original con una notable dosis de melancolía. Es astuto y sabe cómo interactuar con el público que disfrutó de la primera película.
El director establece un ritmo pausado y sereno, enfatizando el aspecto tragicómico de la historia mientras no renuncia a los elementos cómicos. El resultado es agridulce: resulta agradable pero también tiene un toque punzante.
Sorrentino tenía para varias películas, pero lo ha concretado todo en una. Excesiva, ambiciosa y banal pese a las miradas sabias de un Caine en excelencia interpretativa.
Todo lo bueno que tiene el planteamiento choca con el conservadurismo de su estilo (narrativo, interpretativo, musical), por lo que se produce desequilibrio entre fondo y forma.
Pegg, Frost y Mottola aportan a la película un exquisito sentido del humor, combinando momentos espectaculares al estilo de Hollywood con una inusual mezcla de ternura y ácido sarcasmo.
Parece estar planteada como una experiencia suprema. Seguir el desarrollo de los acontecimientos es distinto, pero como experiencia cumple con las expectativas, aunque solo convence a quienes ya estaban convencidos.
El espectador no sabe a ciencia cierta si lo que ocurre es un sueño o es realidad. En esta duda aparente juega sus mejores bazas esta película a ratos algo histriónica, manteniendo un ritmo bastante ágil.
Algunas secuencias de sadismo físico de esta historia animada de venganza paterna podrían haber formado parte de cualquier entrega de la saga 'Saw'. Un inmenso juego de rol.