Amenábar muestra una notable paciencia al desarrollar una atmósfera letárgica y onírica. Sin embargo, parece confiar en exceso en que el estilo puede reemplazar a la sustancia.
La esquizofrenia de la película impide que alcance la grandeza, ya que carece de una idea clara sobre su temática. Sin embargo, esto no la convierte en una mala película; más bien, tiene un aura fascinante.
Es un film grande, fuerte y enérgico, hecho por un cineasta cuya visión abarca cuatro décadas de la historia de su nación y que se aleja de todas las corrientes políticas.
Sigue muchas de las fórmulas probadas de las películas deportivas y tiene bastantes personajes vulgares, pero posee otro nivel que es mucho más interesante.
Shohei Imamura utiliza el blanco y negro con una hermosa textura para narrar la historia de los sobrevivientes de la bomba atómica de Hiroshima, quienes se ven afectados por la lluvia radiactiva.
Es puro entretenimiento desde la primera escena hasta la última, una celebración jovial y auténtica del tipo de diversión que nos puede proporcionar el cine.
Es poco profunda, superficial y poco convincente, con una trama predecible que no ofrece mucho sobre los personajes. Además, resulta deprimente; evoca nostalgia sin lograr crearla.
Una película dirigida a quienes aman Londres y la literatura. Sin embargo, el principal inconveniente es que la protagonista no llega a Londres hasta que ya es demasiado tarde, y en la película no hay evidencias de que alguien lea.