Una crónica de aquellos primeros días de idealismo y de su transición hacia un periodo en el que la sociedad americana pareció, por un instante, estar al borde de la revolución.
La cantidad de detalles que ofrece y el nivel de las interpretaciones es notable: da gusto ver a los artistas trabajando a este nivel. La historia es triste, fría y desesperanzadora.
Una película como esta es estimulante y sorprendente por el modo en que se aparta de lo tópico, mostrándonos vidas confusas en las que nos reconocemos.
La película es físicamente exuberante y ofrece una experiencia visual asombrosa. Cada escena está cuidadosamente elaborada, proporcionando una recompensa visual que captura la atención. Sin embargo, la trama podría haber sido más sólida.
Esta es una historia conmovedora, pero no resulta del todo convincente, ya que se presenta como un docudrama de televisión y no logra evocar la intensidad emocional de filmes afines como 'Mississippi Burning' y 'A Time To Kill'.
Parece intrascendente, pero de alguna manera, ese es su punto fuerte. Sin meterse en grandes profundidades, recuerda con mucha calidez una época y un lugar.
No logra capturarnos como lo hace la obra de teatro. Tal vez la dirección emplee una cámara demasiado realista, o quizás se deba a la voz monótona de Lone. Además, sus dos últimas escenas también aportan a esta sensación de desconexión.
El debut como director de Gibson revela no solo un sólido sentido visual, sino también una inusual confianza para discernir lo que debe expresarse y lo que es mejor dejar en silencio.