Desde luego, la película se adhiere a una fórmula establecida. Sin embargo, cuando esta fórmula es efectiva, nos recuerda las razones por las cuales se ha convertido en un recurso recurrente en el cine.
Supera su falta de originalidad haciendo un buen uso de su idea central, que un par de zapatillas pueden convertir a un chaval en una estrella de la NBA
Es una historia reflexiva y conmovedora. No alcanza el nivel de tensión que podría haber tenido, pero prefiero su enfoque emocional a los clichés típicos del género deportivo.
Un casamiento feliz de varias ideas, con tres películas al precio de una: una versión humorística de la carrera de Michael Jordan combinada con las aventuras de los Looney Tunes y algo de crítica a la industria.
Parece un escenario estupendo, pero, por desgracia, casi todo lo que hay en el medio se recicla a partir de clichés de películas deportivas ligeras y nunca captura la electricidad y la emoción de la NBA real.
Las interpretaciones son convincentes. Captamos el ritmo diario de la vida de los personajes y, a pesar de ser un drama, se encuentra espacio para una sorprendente cantidad de humor.
El mayor logro de Scorsese radica en su capacidad para visualizar esta historia, poblándola de personajes grotescos reminiscentes del estilo de Dickens.
El final de la película resulta un tanto predecible e inevitable, pero su efectividad es innegable. La esencia de la película no radica en el desenlace. No se enfoca en la llegada, sino en el proceso de la caída.
Una película especial, no sólo un thriller policíaco, sino un trabajo que ha investigado a las bandas y ha conferido cierta reflexión a lo que quiere contar sobre ellas.
Un entretenimiento ambicioso que comienza con fuerza pero que finalmente pierde su esencia. Al finalizar, no queda nada memorable de la experiencia cinematográfica, solo una técnica que se pone al servicio de una fórmula preestablecida.