Es terrorífica y espeluznante. Tan bien interpretada que en gran parte de la película abandoné el desapego y observé la pantalla como si estuviera viendo la vida de personas reales.
Nunca antes en el cine había visto el fuego retratado con efectos especiales tan convincentes y envolventes. Desafortunadamente, estos efectos están al servicio de una trama que no los justifica.
Es una sofisticada actualización de 'Halloween', la película que convirtió a Jamie Lee Curtis en una estrella. Lo que la hace más interesante que otra secuela de 'Halloween' es la forma en que los creadores han desarrollado la fórmula con personajes intrigantes y algunas perturbadoras ideas.
Relata su historia con tanta fuerza a través de las vidas de gente simpática y creíble que no sólo nos olvidamos de los artificios, sino que los aceptamos.
Una película bien recreada, que hace un trabajo fascinante explorando una auténtica subcultura y que tiene un elevado nivel de suspense de principio a fin.
Price está impecable. Los asesinatos resultan entretenidos siempre que la trama se base en las excentricidades del villano en lugar de enfocarse en los aspectos desagradables de los crímenes.
Nadie la acusaría jamás de ser plausible, pero está rodada tan distintivamente en el estilo Hitchcock, que juega con firmeza y nunca se sale de su historia.
La película extrae de la situación una relación agridulce. Envuelve su historia en un formato excesivamente pulcro y se enfoca en buscar el optimismo en medio de la oscuridad, perdiendo así la oportunidad de ser más reflexiva sobre esta situación desafiante.
Pocos actores podrían superar este reto y menos aún absorbernos e incluso entretenernos con su actuación, pero Hoffman demuestra otra vez que parece prosperar en retos de actuación imposibles.
'Prometheus' es una magnífica película de ciencia ficción, tanto más intrigante porque eleva cuestiones acerca del origen de la vida humana y no tiene las respuestas.
Carece de la emoción que caracterizaba a las primeras películas, posiblemente porque los Muppets han perdido relevancia, salvo para el público más joven.