Me encantó la película, que es genial y tiene un montón de energía, pero me sentí un tanto deprimido por su visión despiadadamente materialista de la Navidad.
El que pensó que esto era una película familiar quizá crea que los niños son duros. Está llena de imágenes grotescas que generan miedo y desesperación.
Los efectos especiales son convincentes, las interpretaciones son honestas y la dirección, de Stephen Sommers, recuerda a su enérgica y ligera 'The Adventures of Huck Finn'.
Una película de gran aspecto visual, un triunfo del diseño de escenarios y de los efectos especiales, que crean un mundo de fantasía a medio camino entre una zona residencial y un dibujo prehistórico.
La película presenta gags que podrían haber sido efectivos en los dibujos animados de Baby Herman. Sin embargo, al trasladarse a la acción real, con taxis, autobuses y calles auténticas, además de un bebé verdadero, la diversión no se materializa.
Lo que es maravillosa es la manera en la que esta película utiliza la vieja fórmula y la convierte en algo fresco y nuevo, con actores que le dan encanto e ingenio.