La adaptación no logra captar los puntos fuertes de la novela que la inspira. No convence al espectador de comprender el amor adolescente y parece carecer de un conocimiento profundo acerca de sus personajes. Además, presenta un lío narrativo que confunde más de lo que entretiene.
Una película que establece un ambiente particular en tu mente; carece de trama y no ofrece una conclusión definitiva, funcionando como una experiencia única.
Tiene una honestidad sin adornos que causó impresión tras los fuegos artificiales de la última etapa de los años 60. La película es, sobre todo, una evocación de un estado de ánimo.
'The 400 Blows', con su simplicidad y profunda emotividad, ocupa una categoría única. Muy pocos elementos de la película están diseñados meramente por efecto. Hay instantes de diversión y alegría que iluminan la narrativa.
La película tiene una duración de 87 minutos y retrata a Cyril de manera pulcra y efectiva. Thomas Doret interpreta su papel con una sinceridad que resulta natural.
La historia aborda varios temas, pero aligera muchos de ellos, lo que resulta en un viaje sin un destino claro. Más que una narrativa completa, parece un esbozo de posibles relatos.
Lo que necesita con urgencia es mayor velocidad. La película prolonga cada momento más de lo que realmente justifica, llegando a hacer que incluso los instantes de inspiración se sientan forzados.
Me conmovió 'Hotel Rwanda' (2004), pero no me sacudió tan profundamente como lo hizo 'Kinyarwanda'. (...) un film independiente de gran impacto emocional.
Una combinación de estímulos y violencia cruda cuyas partes no encajan. El guion es eficiente escena a escena, pero no sabe hacia dónde ir ni lo que quiere decir.