Directa y efectiva, lo que se muestra en pantalla es tan intenso que logra conmover hasta el corazón más duro. Por fin tenemos una película de ficción que presenta a un gran héroe español.
Niños-soldado brillan en la actuación de un grupo de talentosos jóvenes actores alemanes. La historia se desarrolla en un contexto desgarrador donde la lluvia de sangre y lágrimas inunda la II Guerra Mundial.
La vida de Priscilla Presley narrada por Sofia Coppola es un recorrido de liberación y empoderamiento, un retrato que se enfoca en aspectos de la historia que rara vez se cuentan de manera adecuada.
Si te gusta la música negra y el soul, te encantará. Podrás disfrutar y bailar con la esencia de una generación de músicos inolvidables. Es un verdadero Caravaggio audiovisual.
Apadrinada por Guillermo del Toro, este cóctel de sangre, nostalgia y un toque de denuncia resulta ser una opción refrescante para este caluroso verano.
No sabemos qué le ha ocurrido a Marsh, pero el cambio es refrescante y el resultado es más interesante que en sus trabajos anteriores y convencionales.
Un maravilloso casting de ‘renglones torcidos’, sobre los que gobierna una Lennie con su aristocrático porte. Trepidante y elegante ejercicio de trilerismo narrativo.
Una comedia familiar sorprendentemente amable. Clint Eastwood, como siempre, sigue narrando historias con una naturalidad asombrosa. Se presenta un Eastwood tierno, más como un pollito que como un gallo de pelea.
Una nueva visión triunfante del mundo de la música. Una especie de fast food cinematográfico, con la misma historia de duros inicios, no logra conectarte lo suficiente como para que la tararees.
El director logra encontrar, entre tanto sufrimiento, momentos de humor destacables. La actuación de Antonio de la Torre como Múgica es sobresaliente. No ver esta película debería tener consecuencias severas.
Durkin logra lo imposible: a los cinco minutos ya no reparas en esos pelucones y sí en una de las historias más devastadoras filmadas por el cine estadounidense de la última década.
Con Clint se hace la magia: solo él es capaz de mezclar con una facilidad pasmosa géneros tan alejados como el judicial, el melodrama, el panfleto y, pásmense, la comedia.
Bergman, al igual que Chaplin, logra divertir y emocionar al espectador. Rebosante de sensibilidad, evita caer en lo excesivamente sentimental. En esencia, se trata de una historia que aborda temas de aceptación, empatía y solidaridad.
Fía todo su atractivo al poder de los hechos y la interpretación de sus actores para remover conciencias. Es un tanto maniquea, pero no deja de ser valioso que el cine sirva para hacernos ver el mundo desde la perspectiva de los silenciados.