La película se ve más como un producto de cine independiente demagógico que un verdadero largometraje en busca de su propio estilo. Pero en muchos aspectos también sostiene las reglas del neo noir, por lo que como ejercicio de género puede verse.
Un material siempre interesante que en cuatro episodios resuelve una historia compleja y lo hace aportando la suficiente cantidad de elementos originales como para que valga la pena seguir todos los eventos narrados en 'Ghosts of Beirut'.
La película presenta algunas ideas interesantes y sofisticadas. No obstante, parece que se siente la necesidad de añadir más efectos visuales de los que son necesarios hacia el final, aunque eso no empaña lo logrado hasta ese punto.
Es una película graciosa, los que tengan estómago suave deberán tener precauciones al verla y los que se escandalizan con cualquier cosa, mejor deben evitarla. Pero qué buena noticia es una película que mueve un poco las cosas y nos ofrece algo distinto.
La historia ya está escrita, este un largometraje de género que vale la pena ver, acusarla de necesaria es rebajarla a la corrección política y el cliché. Lo más relevante es que es sólida y funciona.
La historia no es difícil de entender, pero varias capas y sutilezas van dándole una profundidad única que termina provocando una creciente emoción con el correr de las escenas.
Mendes no tiene intención alguna de ser sutil. A pesar del potencial de la historia, lo mejor que tiene es el aspecto estético, más a cargo del fotógrafo que del director.
Guadagnino, quizás temeroso de que alguien pueda disfrutar de su obra, aniquila todas las oportunidades que tenía. La banda sonora resulta inesperadamente deficiente y disruptiva, evidenciando la falta de conexión entre la película y su director.
Las promesas del comienzo y las historias que se despliegan generan interés, pero pronto se hace evidente que el guión es muy limitado y que la resolución resulta insatisfactoria.
La película confía en la inteligencia del espectador en lugar de recurrir a obviedades y nunca se deleita en el sufrimiento. Se nota claramente su dignidad y el amor que siente por Whitney Houston.
Cuando la película imita a Steven Spielberg o sus influencias, se torna entretenida y revela a un director que, incluso al copiar, sabe manejar la narración con destreza. Desafortunadamente, hay una sensación de que busca ser más que eso, sin capturar la esencia de ese estilo cinematográfico.
Cine de terror español efectivo y sólido. No es de lo mejor del cine de terror español, pero aún así, es interesante ver la calidad con la que se acercan en España al género, el sobresalto les sale con facilidad, así como la truculencia de varias escenas.
La potencia inicial de la película decae mucho en la segunda parte, se cae bastante y se recupera al final. El sentido estético de Paolo Sorrentino sobresale por encima del promedio, pero en esta ocasión la película no logra igualar ese talento.
Comediantes talentosos como Steve Zahn y Neil Patrick Harris logran que el humor sea efectivo. Por encima del promedio de los productos navideños, por debajo de sus clásicos.
La película no logra conmover en ningún momento, a pesar de contar con algunas escenas impactantes. No hay manera de que esta simple producción de clase media pueda competir con la grandeza de la miniserie, que se presenta como emocionante, espectacular, compleja y poderosa en todos sus aspectos.
En un adormecido cine argentino, una película como esta es una rareza, un alivio en medio de tantos títulos similares. No es una obra maestra perfecta, pero definitivamente está muy por encima del promedio.