Se complica evaluar una película tan despareja, pero a la vez se agradece la oportunidad de pensarla desde distintos lugares. Es mejor una película con fallas y ganas que una obra prolija que acierta en todo pero tiene solo objetivos de mínima.
La película presenta un humor ligero y desenfadado, con toques de susto que no resultan abrumadores. Los actores son competentes y la producción es satisfactoria. Aunque no es una obra memorable, se suma a la larga tradición de Disney, consolidándose como una auténtica opción para disfrutar en familia.
Tiene un comienzo elegante y bien narrado, lo que predispone bien para seguir la historia aunque se vea bastante repetida. Pero cuando llega la resolución final le propone al espectador un cambio de lógica que lo obliga a entrar en otros códigos estéticos.
No es una película mala. El motivo principal es porque no es una película, es tan solo un artefacto para clickear. Empieza obvia, se convierte en mala y desemboca en un papelón.
La única utilidad de 'El sombrero loco' es enfatizar la calidad de las películas que, aunque mediocres, intentan brindarnos algo. Incluso esos intentos tienen más valor que esta producción.
Las parodias de calidad son dignas de disfrutarse en la pantalla grande, las mediocres pueden ser tolerables en la televisión, pero las tan deficientes como esta son simplemente inaguantables.
Color y diversión no faltan, aunque no puede evitar verse como un producto bastante mecánico, frío, distante, algo muy habitual en las películas de animación, cuyas emociones e ideas terminan resultan ser efectivas pero deshumanizadas.
La brevedad de la película es consecuencia de su falta de interés. Las canciones no son de calidad y la modernidad que intenta incorporar se siente demasiado forzada, lo que impide que estas melodías resulten atractivas.
Asombrosamente tibia y mediocre. Los actores parecen formar parte de un programa de televisión de poca calidad, y la única energía genuina de la película radica en reivindicar la cultura mexicana, mientras se crítica de manera sutil a Estados Unidos.
Émulo de Buster Keaton, Jacques Tati y Jerry Lewis, Atkinson expone la guerra de los seres humanos contra el mundo cotidiano. (...) durante nueve cortos episodios mantiene viva la llama de un humor que no envejecerá nunca.
Los Muppets siguen intactos y pueden ofrecer estas pequeños entregas que le mejoran el día a cualquier, sin demasiadas pretensiones y sin ningún golpe que arruine la experiencia.
Aunque hacia el final es un poco más convencional, igual funciona en la emoción y son pocos los minutos en los cuales 'Un bebé en pañales 2' pierde su magia.
Un guión desafortunado que abusa del sentimentalismo, restándole humor a la narrativa. Carece de villanos, de elementos negativos, de drama y conflicto, lo que resulta en una experiencia cinematográfica insatisfactoria.