En la historia del cine sobre desavenencias maritales, nunca se ha presentado un conflicto tan insípido como el que protagonizan Kirk Cameron y Erin Bethea.
Cuando le preguntan por qué regresa al ring a pesar de su falta de forma y su edad avanzada, el boxeador italiano responde en esencia que es un impulso interno. Esta frase captura perfectamente la esencia de "Rocky Balboa".
Stallone se dio cuenta de que había agotado la fórmula y decidió ceder el control de 'Rocky V' en un intento por redescubrir la esencia del personaje. Sin embargo, este esfuerzo resultó fallido. Lo mismo ocurre con la insalvable 'Rocky IV'.
Un puzle intensamente bello y enigmático. Es ese tipo de arte que inspira curiosidad y obsesión, como un objeto hermoso cuyo significado está lejos de nuestro alcance.
Nada es más peligroso que una secuela de una película extremadamente exitosa, ya que sus creadores deben cuidar la franquicia, lo que conlleva a respetar la fórmula original casi como si fuera una solución mágica.
Ellen Page y Evan Rachel Wood están soberbias en los papeles principales, pero el énfasis de Rozema en la prioridad de la familia y la naturaleza pone al descubierto un déficit de imaginación visual y narrativa.
El bello guion de Lucas y un trío de interpretaciones de primera categoría sostienen el material con una urgencia intermitente que corta la respiración.
La audiencia no tiene mucho donde agarrarse, pero Kaufman y Gondry evocan la vida de la mente con tanta imaginación y emoción que merece la pena tirarse a la piscina.
Carruth crea una maravilla doméstica con los materiales que tiene. Como acertijo, 'Primer' gana poder seductor al dejar la solución lejos de nuestro alcance.