Todo tiene un correlato psicológico, social y cultural, de una rigurosidad y fuerza poética que ya quisieran tener la mayoría de producciones de su tipo.
Con un trabajo de cámaras asombroso, el documental de Sergei Loznitsa revive la estética soviética con las pompas fúnebres del dictador ruso en el centro y, como si fuera una máquina del tiempo, permite ver la manifestación de una sociedad tan siniestra y enloquecida como la Alemania nazi.
No deja de ser un cine divertido e incisivo, de una arquitectura narrativa delicada, de una cinefilia elegantemente homenajeada. No todos los días se ven filmes así.
Los Coen logran un equilibrio complicado en su obra. Sin embargo, lo más destacado de '¡Salve, César!' es el doble proceso que se desarrolla en torno al mito del cine, similar al logrado en 'Barton Fink'. La deconstrucción de Hollywood que presentan los Coen conlleva una nueva mitificación del mismo.
Haynes se muestra como un cineasta menos recargado y más austero. 'Carol' aborda una faceta poco explorada del cine estadounidense, donde figuras como James Gray, P. T. Anderson, Tarantino y Todd Haynes contribuyen a su confirmación.
A fin de cuentas, un entretenimiento que se ve con cierta indiferencia. O, en su defecto, uno de los títulos más discretos y complacientes de la filmografía de Spielberg.
Es verdad que el filme entretiene y, a la vez, señala los poderes que hacen peligrar los valores democráticos de EEUU. Sin embargo, el conjunto termina por ser algo ingenuo complaciente.
No se trata, por supuesto, de una premisa muy original, ni tampoco de un tratamiento cinematográfico sobresaliente el que sigue la pista de estas conversaciones entre agónicas, irónicas y edificantes.
Tarantino se centra en los fracasados, en los perdedores y en las víctimas de todas las guerras, brindándoles la oportunidad de una revancha. Es una manera de abordar el utopismo, al mismo tiempo que lo presenta de forma trágica.
La actuación de Taron Egerton es notable. Su personificación de Elton John transmite una gama amplia de emociones este es un filme muy libre, y más complejo que otros de su tipo.
Se evitan los maniqueísmos y se perfila un caleidoscopio humano que va más allá de la fábula tonta. Y si es cierto que 'Green Book' no explora lo suficiente a sus personajes, es un filme sincero en su crítica de la intolerancia a la diversidad.
McKay no profundiza en las zonas oscuras de su historia. Los artificios visuales y la deconstrucción de los códigos narrativos se convierten en piruetas que resultan agotadoras. A pesar de su ingenioso y didáctico andamiaje, apenas logra tocar la humanidad de sus personajes.
El problema del filme radica en su estructura, más que en la interpretación. La película tiende a ser demasiado académica y su lirismo se vuelve empalagoso.