'Cry Macho' tiene su marca propia en su calidad de película pequeña que resume toda una obra. Es un western de pocas pinceladas, pero llenas de fuerza y sabiduría.
Un filme de estructura convencional, pero que se las arregla para sobrepasar los clichés hacia el estudio sentido y coherente de una vida extraordinaria.
Lee no solo presenta una divertida película policial, sino que también reflexiona sobre el racismo a través de una meditación sobre la historia y la esencia del cine.
Es un filme poderoso no solo por su lograda articulación de contextos históricos y sutiles meandros psicológicos, también adquiere múltiples capas simbólicas que van desde la solidaridad y homosexualidad femenina hasta la propia latencia del mal.
Spielberg es especialista en estos homenajes nostálgicos y cubre sus imágenes con una pátina amarilla y cierto halo vaporoso de ensueño. No obstante, pese a esas virtudes, Spielberg cede a la tentación del didactismo, del discurso aleccionador.
Lo peor de todo no son las actuaciones, sino los golpes de efecto. (...) James Wan saca conejos de la chistera, pero no nos asusta. El cine de horror es cosa seria.
Una exploración fascinante no solo de un pedazo de vida, sino también de una mente caótica, atormentada y en permanente ebullición de una de las más complejas figuras del siglo XX.
Las deudas con Kubrick y su mirada impasible se saldan con nuevas maneras de desvelar las caretas de la vida diaria. Sean Durkin es un cineasta con un universo propio, y esta película lo prueba.
Se revela como una herramienta educativa, pero también pensante: los rostros y los cuerpos negros hacen su propia agonía, y su propia lucha, por una visibilidad cinematográfica que aún es minoritaria.
La secuencia final, con su imagen tierna y desoladora, vestida con una nueva apariencia que refleja el paso del tiempo, es una de las más conmovedoras que un director europeo ha ofrecido en los últimos años.
Si bien es una especie de monstruo audiovisual, tiene algo de alma. A pesar de su pobre estructuración e incapacidad para desarrollar historias, transmite unas ganas por expresar los problemas del país que.
Lo mejor de 'Julieta' radica en su calidad onírica, que es tanto sensual como mental. El resultado es cautivador y emotivo, características que brillan por su ausencia en el actual panorama de la cartelera local.
Sin juzgarla a la sombra de 'Perdida', aunque no sea particularmente original o profunda, la película cuenta con un apego emocional suficiente para explorar de manera seria los fragmentos de la sociedad norteamericana, evitando así convertirse en un entretenimiento superficial.
Se afilia, conscientemente, a la tradición del slasher, está casi doblegado por su propia irreverencia, que a veces parece trivializar todo lo que vemos.
Queda poco por valorar en la propuesta de Guillot. Todo el filme se desluce con no pocas torpezas y falta de sensibilidad fílmica a nivel de actuaciones declamativas y teatrales. La fotografía de César Fe debe ser de las más flojas del cine peruano reciente.
No convence del todo: hacia la mitad del metraje el guion da demasiadas vueltas sobre la relación de amor-odio de la pareja, que se hace algo repetitiva. Esto impidió que puedan tomar más relieve otros personajes secundarios, quienes terminan por acercarse a la caricatura.